El mercado da prácticamente por descontada una subida de tipos de la Reserva Federal de Estados Unidos la próxima semana, después de los últimos datos de inflación. La probabilidad de un aumento de 25 puntos básicos ha pasado de alrededor del 70% a casi el 90%, lo que reduce el riesgo de una reacción especialmente brusca cuando el banco central anuncie su decisión.
La inflación refuerza las expectativas de la Fed
El índice de precios de producción (PPI), publicado el día anterior y algo más alto de lo esperado, ya había elevado las apuestas por una intervención de la Fed. Los datos de precios al consumo conocidos después se situaron, en líneas generales, dentro de lo previsto por el mercado.
En agosto, el índice general subió un 0,4% respecto a julio y acumuló un avance interanual del 3,4%. La inflación subyacente, que excluye los alimentos y la energía, aumentó un 0,3% mensual, una décima más de lo que habían calculado los economistas.
La decisión supondría la primera subida de tipos de la Fed en más de tres años. Sin embargo, el movimiento no llega por sorpresa para los inversores. La posibilidad de un incremento de 25 puntos básicos ya está incorporada en buena medida a los precios de los activos, de modo que el anuncio podría tener un efecto más limitado o incluso generar cierto alivio.
Los bonos anticipan una menor incertidumbre
La reacción de la deuda pública estadounidense refleja esa lectura. La rentabilidad del bono a dos años registró un fuerte salto inmediatamente después de conocerse los datos de inflación, mientras que los vencimientos largos se movieron en la dirección contraria. El rendimiento a diez años cayó casi cinco puntos básicos y el de treinta años descendió siete.
A primera vista, el comportamiento puede parecer contradictorio. No obstante, encaja con un escenario en el que el mercado espera que la Fed actúe. Desde hace meses, la rentabilidad a dos años se encuentra muy por encima del tipo oficial. Esa diferencia indica que los inversores consideran que el banco central va por detrás de la curva y añade incertidumbre a la financiación a más largo plazo.
Una subida de tipos podría disipar parte de esa prima de riesgo. Además, cuando una decisión temida está ampliamente anticipada, algunos inversores deshacen posiciones antes del anuncio y vuelven al mercado una vez confirmado. Es el patrón conocido como sell the rumour, buy the news: vender con el rumor y comprar con la noticia.
Qué implica para Bitcoin, el oro y las acciones
La evolución de los tipos a largo plazo es especialmente relevante para Bitcoin (BTC), el oro y la renta variable. Los tres compiten con los bonos del Estado por el capital de los inversores. La rentabilidad del bono estadounidense a diez años suele actuar como referencia porque estos activos se valoran, en buena medida, con horizontes prolongados.
Ni el oro ni Bitcoin generan intereses. Por eso, su atractivo depende también del rendimiento real que ofrecen los bonos, es decir, de la rentabilidad una vez descontada la inflación. Si la caída de los tipos largos responde a una menor prima de riesgo, el movimiento puede resultar favorable para ambos activos. Si, en cambio, se debiera a una expectativa de menor inflación, el tipo real aumentaría y el efecto sería el contrario.
En la bolsa opera un mecanismo parecido: unos tipos más altos reducen el valor actual de los beneficios futuros y elevan los costes de financiación. Las empresas con mucha deuda y vencimientos cercanos son las más expuestas. Por ahora, las compañías de inteligencia artificial apenas han acusado esa presión. Este año han emitido más de 1,5 billones de dólares en nueva deuda, aunque sus resultados siguen convenciendo a los inversores de que esas inversiones pueden acabar siendo rentables.
Al mismo tiempo, esa oleada de emisiones compite con la deuda pública por el mismo capital y contribuye a presionar al alza los tipos a largo plazo. El mercado afronta así la próxima decisión de la Fed con una subida casi asumida, pero también con una reacción que dependerá de cómo evolucione la deuda y de la lectura que hagan los inversores sobre los tipos reales.











