Ethereum y Base, la red de segunda capa respaldada por Coinbase, han abandonado el intento de acordar un estándar común para la próxima generación de monederos. La colaboración entre los equipos que trabajan en las propuestas EIP-8141, de Ethereum, y EIP-8130, de Base, se rompió la semana pasada después de que no lograran encajar las distintas prioridades de ambas redes.
El desacuerdo afecta a la llamada abstracción de cuentas, una línea de desarrollo que busca convertir los monederos en herramientas más programables. Entre sus posibles aplicaciones están el pago de comisiones por terceros, el uso de claves de acceso y sistemas de autenticación más flexibles. La ruptura deja a Ethereum avanzando con las “transacciones Frame”, mientras Base desarrolla un diseño propio para incorporar la abstracción de cuentas de forma nativa.
Dos propuestas para hacer más programables los monederos
El investigador de Ethlabs Derek Chiang explicó el 14 de septiembre que las conversaciones no pudieron resolver una diferencia de fondo: cuánto margen de libertad debe tener cada cuenta y cuánta estructura deben imponer las cadenas antes de ejecutar una transacción.
La EIP-8141 plantea dividir una transacción en llamadas programables capaces de gestionar la validación, la ejecución y el pago de las comisiones. El objetivo es desvincular las cuentas de las claves basadas en criptografía de curva elíptica que predominan hoy en Ethereum, facilitar la rotación de claves y abrir una vía hacia sistemas de autenticación preparados para la era poscuántica. En este modelo, una dirección podría comportarse según las reglas definidas por su propio código.
La EIP-8130, redactada por el ingeniero de Coinbase Chris Hunter, adopta un enfoque más estructurado. Las transacciones tendrían que identificar el autenticador que utilizan, de modo que los nodos puedan conocer por adelantado el trabajo de validación necesario. El borrador también contempla que los nodos rechacen autenticadores desconocidos antes de ejecutar código arbitrario.
Según Chiang, Ethereum prioriza la resistencia a la censura y a la captura, el código abierto, la privacidad y la seguridad. Esas exigencias favorecen un modelo de cuentas ampliable sin tener que pedir permiso a la cadena y diseños de transacciones capaces de incorporar sistemas de privacidad o futuras firmas poscuánticas.
Base afronta unas necesidades distintas. Como red de alto rendimiento, necesita que la abstracción de cuentas pueda escalar y, al mismo tiempo, resulte suficientemente clara para determinar qué métodos de autenticación y qué tipos de transacción se permiten. “Ethereum quería ser la mejor versión de Ethereum, y Base quería ser la mejor versión de Base”, resumió Chiang.
La competencia entre las L2 dificulta la coordinación
El episodio ilustra un problema estructural que puede ganar peso a medida que las redes de segunda capa desarrollen sus propias comunidades de usuarios, prioridades comerciales y calendarios técnicos. El desarrollador principal de Ethereum Matt Garnett considera inevitable cierta divergencia: la presión competitiva obliga a las L2 a lanzar funciones a un ritmo que la capa principal no puede igualar. “El tiempo dirá si eso es una fortaleza o una debilidad”, afirmó.
La propuesta de Base trata de mantener una vía de compatibilidad. Su borrador contempla perfiles de adopción distintos para la capa principal y para las L2. En estas últimas, las cadenas de alto rendimiento podrían limitar la ruta nativa de transacciones a autenticadores canónicos aprobados. También prevé un conjunto común de autenticadores y el uso de ERC-4337 como alternativa en las redes que no admitan el formato de transacción de la EIP-8130.
Eso permitiría cierta portabilidad entre redes compatibles con la máquina virtual de Ethereum aunque cada una adopte un sistema nativo diferente. Sin embargo, parte del esfuerzo necesario para conservar esa compatibilidad podría desplazarse desde el protocolo hacia las aplicaciones y los propios monederos.
El desacuerdo reabre el debate sobre el valor de las L2
La disputa también afecta a una cuestión más amplia: si el crecimiento de las redes de segunda capa refuerza automáticamente a Ethereum. El abogado especializado en criptomonedas Gabriel Shapiro sostiene que la separación entre las EIP-8141 y EIP-8130 dificulta defender que las L2 sean, por naturaleza, una estrategia beneficiosa para la capa principal.
Su argumento es que redes como Base pueden atraer usuarios, aplicaciones y actividad, además de controlar la economía asociada a la secuenciación y tomar decisiones de producto según sus propios intereses. Ethereum sigue proporcionando liquidación y seguridad, pero esa relación no garantiza que cada avance comercial o técnico de una L2 mejore directamente el producto o la economía de la capa principal.
Las L2 aún pueden generar demanda de liquidación, utilizar la disponibilidad de datos de Ethereum y mantener aplicaciones dentro de su ecosistema en lugar de enviarlas a cadenas rivales. La ruptura entre ambos diseños no elimina esos vínculos, pero ofrece un ejemplo concreto de cómo los intereses de Ethereum y sus redes de segunda capa pueden dejar de coincidir.












