Donald Trump volvió a arremeter contra la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) después de que el banco central elevara los tipos de interés, pero mantuvo públicamente su respaldo a Kevin Warsh, el presidente que él mismo propuso con la expectativa de que aplicara una política monetaria más expansiva.
Trump calificó al consejo de la Fed de «muy hostil» y «muy político». Poco después de la decisión, publicó en Truth Social un mensaje en mayúsculas: «Bajen los tipos para Estados Unidos de América, y rápido». Según el presidente, el precio del dinero debería situarse «en el 1%, o menos» porque Estados Unidos tiene «el mejor crédito del mundo, con mucha diferencia».
Una subida unánime en plena presión sobre la inflación
La Fed elevó el rango de los tipos desde el 3,50%-3,75% hasta el 3,75%-4%. La decisión fue adoptada por unanimidad, algo que no ocurría desde hacía un año y medio, aunque históricamente ha sido la norma en el comité de política monetaria.
El argumento de Trump sobre la solvencia estadounidense no determina directamente las decisiones del banco central. La agencia S&P mantiene para Estados Unidos una calificación AA+, un escalón por debajo de la máxima nota crediticia. Alemania y Canadá sí conservan la triple A. En cualquier caso, la Fed fija los tipos atendiendo principalmente a la evolución de la inflación y el empleo. La solvencia del Gobierno influye en la rentabilidad que los inversores exigen para comprar deuda pública estadounidense.
La distancia entre el nivel actual y el 1% que reclama Trump es de tres puntos porcentuales en el extremo superior del rango. La mayor rebaja aplicada de una sola vez fue de un punto, en diciembre de 2008, tras la quiebra de Lehman Brothers, y también en marzo de 2020, durante la emergencia provocada por la pandemia.
El contexto actual es distinto. La economía atraviesa una crisis energética, con fuertes aumentos en los precios del petróleo y el gas, lo que ha elevado la preocupación por la inflación. Warsh ha señalado que desde julio se han producido tres cambios relevantes: la economía se ha fortalecido, la inflación no ha cedido y han aumentado las tensiones internacionales.
Una subida de tipos no puede aumentar de inmediato el flujo de petróleo por el estrecho de Ormuz, pero la Fed pretende evitar que el encarecimiento de la energía se traslade a los salarios y al precio del resto de bienes. Además, 16 de los 18 responsables de política monetaria prevén al menos otra subida este año; cuatro anticipan incluso dos.
Trump dice confiar en Warsh, por ahora
Preguntado por los periodistas, Trump respondió que sigue confiando en Warsh. A su juicio, el presidente de la Fed se enfrenta a un consejo nombrado por administraciones anteriores y dispuesto a actuar contra él. «Suben los tipos para hacer que a Trump le vaya lo peor posible», afirmó.
Trump explicó que había aconsejado a Warsh votar con el resto del consejo porque su voto no cambiaría el resultado: «Te conviene votar con el consejo. No va a cambiar nada». Sin embargo, negó creer que Warsh hubiera tomado su decisión siguiendo esa recomendación y añadió que quería que actuara de forma independiente.
La relación entre ambos podría someterse pronto a una prueba más exigente. La primera subida de tipos suele abrir la puerta a una serie de movimientos y la Fed volverá a reunirse a finales de octubre, una semana antes de las elecciones de mitad de mandato. Si entonces llega una segunda subida, el apoyo de Trump a Warsh podría volver a quedar en cuestión.
El precedente de Jerome Powell
El cambio de tono ya tiene un precedente en la relación de Trump con Jerome Powell. Cuando el anterior presidente de la Fed no redujo los tipos con la intensidad que reclamaba la Casa Blanca, Trump lo llamó «Mr. Too Late», «un completo idiota» y «un inútil». También intentó apartarlo del cargo, aunque no tenía autoridad para hacerlo.
Warsh parecía inicialmente un candidato más afín. En los últimos años había defendido tipos más bajos y sostenido que la inteligencia artificial podría contribuir a reducir la inflación. Tras su nombramiento, Trump llegó a bromear con que demandaría a Warsh si no recortaba el precio del dinero. Ahora, sin embargo, la política monetaria se orienta en sentido contrario y el propio presidente ya había advertido del riesgo en enero: «El problema es que cambian en cuanto consiguen el cargo».











