Un atacante utilizó firmas procedentes de transacciones fallidas acumuladas durante hasta 55 días para sustraer unos 2.000 millones de GALA, valorados en aproximadamente 3 millones de dólares, y decenas de tokens de nueve carteras de GalaChain. El ataque se produjo el 18 de agosto y aprovechó dos fallos relacionados con la validación de firmas y la protección contra la repetición de operaciones.
El análisis publicado por Gala el 14 de septiembre describe una operación preparada antes de la primera transferencia no autorizada. El atacante había identificado los saldos de las cuentas afectadas y llegó con 74 firmas reutilizables extraídas de transacciones fallidas. De las 59 combinaciones de cuenta y token seleccionadas, 56 fueron vaciadas por el importe exacto disponible en el primer intento.
Las cuatro mayores posiciones en GALA se transfirieron, además, en orden descendente y en un intervalo de apenas 18 segundos. Para Gala, ese comportamiento apunta a una fase previa de reconocimiento: los saldos no se habrían descubierto uno a uno durante el robo, sino que ya estaban localizados.
Cómo las transacciones fallidas se convirtieron en permisos
El problema principal estaba en la forma en que GalaChain verificaba las firmas de datos estructurados EIP-712. Antes de la corrección, el sistema aceptaba la definición de tipos incluida en la propia petición, en lugar de obtenerla a partir de la operación que se iba a ejecutar.
Eso permitía presentar una firma válida para un conjunto de campos y utilizarla después para ejecutar otro método con información adicional que el usuario nunca había autorizado explícitamente. En uno de los ejemplos registrados en la cadena, una llamada de transferencia procesó alrededor de 1.640 millones de GALA aunque la estructura EIP-712 aportada para la verificación describía una operación de provisión de liquidez. El destino, la cantidad y el identificador del token transferido quedaban fuera de lo que el usuario había firmado.
La firma era criptográficamente correcta. El fallo estaba en que el sistema no podía garantizar que los efectos económicos finales coincidieran con la autorización concedida por el titular de la cuenta. Gala asegura que no encontró indicios de que se hubieran comprometido las claves privadas, las frases semilla o las contraseñas de los usuarios afectados, aunque parte de esa conclusión se basa en pruebas internas que no se han hecho públicas.
La segunda vulnerabilidad afectaba a las claves únicas de transacción, diseñadas para impedir que una misma petición firmada se enviara más de una vez. Cuando una operación fallaba, esa clave podía revertirse junto con los cambios de estado fallidos. La firma, sin embargo, seguía visible en el registro público y la clave permanecía disponible para otro intento.
Según Gala, 57 de las 60 transacciones históricas vinculadas al ataque contenían al menos una operación interna fallida y ninguna había concluido completamente con éxito. La combinación de ambos defectos convirtió solicitudes antiguas y fallidas en autorizaciones reutilizables, sin necesidad de falsificar firmas ni robar las claves privadas de cada cartera.
Una explotación automatizada a mayor velocidad que la respuesta
Durante el ataque se registraron 1.066 envíos, con un intervalo mediano de 4,5 segundos entre ellos. El 73,9% llegó exactamente con un bloque de separación. La primera transferencia no autorizada se verificó a las 02:21:54 UTC. Gala detuvo su puente a las 05:09:19 y empezó a retirar permisos de la dirección receptora a las 05:22.
La compañía no ha revelado cuándo detectó inicialmente la actividad, por lo que ese intervalo no puede interpretarse como su tiempo de reacción. Sí indicó que los intentos de sacar los activos a través del puente fueron rechazados después de la pausa. La secuencia ilustra, no obstante, la dificultad operativa: las transacciones pueden llegar cada pocos segundos, mientras que la detección, la investigación y la activación de controles de emergencia siguen dependiendo en parte de decisiones humanas.
Auditorías previas y cambios aplicados
Las vulnerabilidades habían sobrevivido a revisiones externas. Gala afirma que la lógica de autorización fue examinada en una evaluación de CertiK realizada a finales de 2025 y que su kit de desarrollo fue revisado por Hashlock en enero. Ninguna de las dos identificó el problema relacionado con el alcance de las firmas. Los informes no se han publicado, por lo que no es posible determinar qué pruebas incluyeron ni hasta qué punto analizaron la interacción entre la verificación y la protección contra repeticiones.
Gala ha modificado ambos sistemas. Ahora la información de tipos se deriva de la operación ejecutada y las peticiones vinculan la firma al canal, el contrato y el método autorizados. También incorporan plazos de expiración. Además, la clave única de transacción se conserva aunque falle la operación subyacente.
La red ha añadido límites de frecuencia por identidad, vigilancia de patrones anómalos en cuentas de alto valor y revisiones adicionales para retiradas elevadas desde el puente. Gala también ha descrito el uso de herramientas asistidas por inteligencia artificial, aunque esa valoración procede de pruebas internas no publicadas. La empresa ha presentado una denuncia ante el FBI y ha enviado solicitudes de preservación y congelación a plataformas relacionadas mientras rastrea los fondos a través de cuatro cadenas.












