Más de la mitad de la electricidad utilizada por la minería de Bitcoin procede ya de fuentes sostenibles, según las estimaciones del Cambridge Centre for Alternative Finance. En concreto, estas energías representan el 52,4% del consumo del sector, frente al 37,6% registrado en 2022.
El dato no elimina el debate sobre el impacto energético de Bitcoin, pero sí matiza una de las críticas más habituales contra la red: que su funcionamiento depende principalmente de los combustibles fósiles. La minería continúa siendo una actividad intensiva en electricidad, aunque su distribución geográfica y su matriz energética han cambiado de forma significativa en los últimos años.
Qué hacen los mineros y por qué consumen tanta electricidad
Bitcoin no cuenta con una empresa o una autoridad central que valide las transacciones. Esa tarea recae en los mineros, que emplean equipos informáticos especializados para realizar cálculos de forma continua. El primero que consigue añadir un nuevo bloque a la cadena recibe una recompensa en BTC, además de las comisiones asociadas a las operaciones incluidas en ese bloque.
La potencia de cálculo agregada de todos los participantes se conoce como hashrate. Es una medida de la capacidad informática que se dedica en todo el mundo a procesar transacciones y proteger la red. Para competir, las empresas necesitan equipos eficientes y acceso a electricidad a precios bajos. Aproximadamente cada cuatro años, el halving reduce a la mitad la cantidad de nuevos bitcoins que reciben los mineros, lo que aumenta todavía más la presión sobre sus costes.
En ese entorno, las instalaciones que operan con electricidad cara o con hardware menos eficiente pierden competitividad. La localización de los centros de minería responde, por tanto, tanto a la disponibilidad energética como a su precio y fiabilidad.
Estados Unidos concentra la mayor parte del hashrate
Estados Unidos es actualmente el principal país minero, con alrededor del 36,7% del hashrate mundial, según las estimaciones recogidas en la fuente. Rusia ocupa la segunda posición, con cerca del 17,2%, seguida de China, con aproximadamente el 12,2%. Después aparecen Paraguay, con el 4,7%, y Emiratos Árabes Unidos, con el 3%.
La actividad está hoy más repartida que hace unos años. En 2019, China concentraba cerca de tres cuartas partes del hashrate global. El escenario cambió en 2021, cuando las autoridades del país endurecieron su ofensiva contra la minería de criptomonedas. Varias empresas cerraron sus instalaciones o trasladaron sus equipos, y Estados Unidos se convirtió en el principal destino de esa capacidad.
La minería, sin embargo, no desapareció completamente de China. Al margen de las decisiones regulatorias, los operadores buscan sobre todo zonas con electricidad abundante y barata. Esto explica el interés por regiones con producción hidroeléctrica, parques solares y eólicos o excedentes temporales que, de otro modo, podrían desaprovecharse. Paraguay y Etiopía también han ganado peso como destinos para estas operaciones.
El gas sigue siendo la principal fuente individual
El consumo anual de la minería de Bitcoin se estima en 130 teravatios hora, alrededor del 0,5% de la demanda eléctrica mundial, de acuerdo con Cambridge. Dentro de esa combinación energética, las renovables —incluidas la hidráulica, la eólica y la solar— aportan el 42,6%, mientras que la energía nuclear representa otro 9,8%.
El gas natural continúa siendo la fuente individual más importante, con un 38,2% del total. El carbón, en cambio, supone el 8,9%. La cifra de energía sostenible incluye tanto las renovables como la nuclear, una distinción relevante para interpretar el 52,4% estimado por Cambridge.
El desplazamiento hacia fuentes más baratas y sostenibles responde también a una lógica empresarial. Reducir el coste eléctrico mejora el margen de las compañías, por lo que algunas se instalan junto a centrales hidroeléctricas o parques renovables. Otras aprovechan gas natural que, en determinadas instalaciones, habría terminado quemándose en antorcha.
La evolución no cambia el hecho de que Bitcoin requiere una cantidad elevada de electricidad. Sí muestra, en cambio, una industria que busca nuevas ubicaciones y modifica progresivamente su combinación de fuentes energéticas.











