El 18 de octubre se perfila como una fecha clave para Bitcoin. Ese día concluye el plazo de 30 días abierto por la ley de nuevas sanciones contra Rusia firmada por Donald Trump, un periodo en el que su Administración debe concretar los aranceles que podrían alterar el comercio energético ruso y trasladar presión a la inflación, los bonos del Tesoro y el dólar.
Trump firmó el 18 de septiembre la H.R. 5334, que obliga al presidente estadounidense a elevar los derechos arancelarios sobre todos los bienes rusos importados por Estados Unidos, incluidos el petróleo, el gas natural y los productos petrolíferos. El texto permite aplicar aranceles de hasta el 500%, aunque esa cifra es un límite máximo y no una tasa automática. La decisión final queda, por tanto, en manos de la Administración.
El alcance dependerá de los países afectados
La ley contempla además una medida potencialmente más amplia. Los países que mantengan nuevas compras de crudo o gas natural ruso después de que termine el plazo de 30 días podrían enfrentarse a aranceles de hasta el 100% sobre todas sus exportaciones a Estados Unidos, siempre que figuren entre los cinco mayores compradores.
El mismo límite se aplicaría a los cinco países considerados facilitadores de la evasión de las sanciones sobre el petróleo ruso. La norma no identifica a esos Estados ni fija una tasa mínima inicial. Por eso, para los mercados será más importante cómo se aplique la ley que los porcentajes máximos recogidos en el texto.
Antes de imponer o modificar aranceles mediante la disposición dirigida a terceros países, el presidente o el representante comercial de Estados Unidos deberá remitir, con al menos diez días de antelación, una justificación por escrito a seis comités del Congreso. El documento tendrá que explicar tanto el nivel de los aranceles como el método empleado para seleccionar a los países afectados.
La Administración también dispone de vías para limitar el impacto. La ley establece una excepción para algunas compras de gas natural y permite a Trump suspender los aranceles si certifica ante el Congreso que la medida responde al interés nacional de Estados Unidos.
La energía será el principal canal hacia Bitcoin
La primera variable que deberán vigilar los operadores será el mercado energético. Unos aranceles elevados contra grandes compradores de petróleo o gas ruso podrían modificar los flujos comerciales si esas adquisiciones pasan a resultar demasiado costosas o políticamente arriesgadas.
El efecto sobre los precios internacionales dependerá de los países elegidos, de las tasas finalmente aplicadas y de si el suministro ruso desaparece del mercado o simplemente se redirige hacia otros destinos. Si los precios energéticos permanecen altos, el impacto sobre la inflación sería más relevante.
Christopher Waller, gobernador de la Reserva Federal, señaló a principios de año que un encarecimiento prolongado de la energía puede trasladarse a otros bienes y servicios a medida que las empresas absorben mayores costes. También advirtió de que una sucesión de shocks energéticos y arancelarios podría elevar las expectativas de inflación y complicar las decisiones de política monetaria.
El mercado observará bonos, dólar y liquidez
El riesgo aparece en un momento en el que la Reserva Federal mantiene una política restrictiva. El banco central elevó el 16 de septiembre su tipo de referencia en 25 puntos básicos, hasta una horquilla del 3,75% al 4%, y afirmó que la inflación seguía elevada mientras la política monetaria debía continuar apoyando el regreso hacia su objetivo del 2%.
Una nueva presión inflacionista vinculada a la energía podría reducir el margen de la Fed para suavizar las condiciones financieras. Unas expectativas de inflación más altas pueden impulsar los rendimientos de la deuda estadounidense y fortalecer el dólar, encareciendo el capital y reduciendo la liquidez disponible para los activos de riesgo, entre ellos las criptomonedas.
La investigación del Banco de Pagos Internacionales ha relacionado una política monetaria estadounidense más restrictiva con caídas en los precios de las criptomonedas y una menor demanda de monedas estables. En este contexto, los avisos del Gobierno al Congreso, la evolución del petróleo y el gas, los rendimientos de los bonos, las expectativas de inflación y el dólar serán las principales señales para medir el impacto real sobre Bitcoin.
Una aplicación moderada, el uso de exenciones o unos mercados energéticos estables limitarían la transmisión hacia los activos digitales. En cambio, unos aranceles contundentes contra grandes compradores de energía rusa, combinados con una presión sostenida sobre el petróleo o el gas, aumentarían el riesgo de que la norma se convierta en un nuevo lastre para las condiciones financieras. Esa diferencia debería quedar más clara antes del 18 de octubre.







