China importó más de 1.000 toneladas de oro en los ocho primeros meses del año, por un valor de 158.800 millones de dólares. El ritmo de compras ya supera ampliamente el registrado durante todo 2025, cuando el país destinó 96.500 millones de dólares a importar 886 toneladas del metal.
El volumen resulta especialmente significativo porque China es también el mayor productor mundial de oro. La combinación de producción interna e importaciones apunta a una demanda que no se explica únicamente por el encarecimiento del metal. Los inversores chinos, tanto particulares como institucionales, parecen estar buscando una alternativa ante la falta de opciones atractivas dentro del país.
El oro gana peso ante la debilidad de otros activos
El mercado inmobiliario chino atraviesa dificultades desde 2021, mientras que el índice CSI 300 cae en el conjunto del año y continúa más de un 20% por debajo del máximo que alcanzó a comienzos de 2021. A esa situación se suma el bajo rendimiento de la deuda pública china, cuyas rentabilidades se sitúan cerca de mínimos históricos.
En este contexto, el oro se presenta para los hogares y las instituciones como una vía para preservar el patrimonio. Lisa Liu, de Gold Mountains Asset Management, describió al Financial Times un desplazamiento del patrimonio hacia un activo que, en su opinión, no incorpora riesgo de contraparte. La evolución de las importaciones sugiere que esa preferencia está adquiriendo una dimensión considerable.
La demanda tampoco se limita al sector privado. En julio, China mantenía alrededor de 618.000 millones de dólares en bonos del Tesoro estadounidense, el nivel más bajo desde 2008. Paralelamente, el banco central chino continúa acumulando oro, en una señal de diversificación de sus reservas.
Las compras oficiales podrían estar infravaloradas
Goldman Sachs considera incluso que las adquisiciones reales del Banco Popular de China pueden ser superiores a las comunicadas oficialmente. La entidad calculó que el banco central compró aproximadamente 35 toneladas en julio, frente a las 20 toneladas reflejadas en los datos oficiales.
Ese posible desfase se encuadra en una tendencia más amplia: los bancos centrales están aumentando la diversificación de sus reservas. La reducción de la exposición a determinados activos y contrapartes financieras se combina con una mayor presencia del oro, cuyo peso estratégico ha crecido en los últimos años.
Una relación menos clara con los tipos reales
El comportamiento del oro también destaca por producirse en un entorno que, tradicionalmente, no le resultaba favorable. Cuando los tipos reales suben, los bonos suelen ganar atractivo frente a un activo que no paga intereses. Sin embargo, esa relación parece haberse debilitado.
Según Invesco, el oro ya no está reaccionando como cabría esperar ante el repunte de los tipos reales. La geopolítica, las preocupaciones sobre la deuda, la diversificación de reservas y el intento de reducir la dependencia de las contrapartes financieras parecen estar ganando peso en la formación de la demanda. Las compras de China constituyen uno de los ejemplos más visibles de ese cambio.












