La probabilidad de que la Reserva Federal estadounidense suba los tipos de interés en octubre se ha reducido hasta alrededor del 47%, frente al 71% que el mercado descontaba el lunes. El giro se produjo después de que John Williams, presidente de la Reserva Federal de Nueva York, afirmara que el banco central no tiene motivos para apresurarse y que dispone de margen para esperar a contar con más datos económicos.
Los bonos siguen bajo presión
El mensaje de Williams ofreció cierto alivio a los inversores, aunque llegó después de una nueva sesión complicada en el mercado de deuda estadounidense. La rentabilidad del bono a 30 años superó el martes el 5,6%, su nivel más alto desde junio de 2002. El interés del bono a 10 años se acercó al 5,3%, una cota que no alcanzaba desde 2007.
El repunte de las rentabilidades volvió a pesar sobre Wall Street. El Dow Jones perdió más de 100 puntos, mientras que el S&P 500 y el Nasdaq registraron descensos leves. La caída de las probabilidades de una subida de tipos ha permitido moderar parte de la tensión este miércoles, pero el mercado continúa pendiente de la evolución de la inflación y de la respuesta de la Reserva Federal.
Según los datos de CME Group recogidos en la fuente, la probabilidad de un incremento de 25 puntos básicos en octubre se situaba en el 47,1% este miércoles por la mañana. El movimiento es significativo por su rapidez: en apenas dos días, la expectativa ha pasado de estar claramente por encima del 70% a quedar por debajo de la mitad.
La inflación PCE, próxima prueba para el mercado
La atención se concentra ahora en la publicación del índice de precios PCE, el indicador de inflación preferido por la Reserva Federal. Los economistas esperan que los precios hayan aumentado un 0,3% en agosto respecto a julio, lo que dejaría la tasa anual en torno al 3,7%.
Un registro superior al previsto podría reactivar las apuestas por una nueva subida de tipos y ejercer más presión sobre las rentabilidades de los bonos. En sentido contrario, una cifra más moderada daría margen para que disminuyera la tensión en el mercado de deuda y reforzaría la percepción de que la Fed puede esperar antes de tomar nuevas decisiones.
El comportamiento de los bonos resulta especialmente relevante porque sus rentabilidades subieron el martes pese a que el precio del petróleo cayó con fuerza. En las últimas semanas, el encarecimiento del crudo había sido uno de los argumentos utilizados para explicar el repunte de los tipos de mercado y el temor a una inflación más persistente. Que las rentabilidades aumenten incluso con el petróleo a la baja apunta a una preocupación más amplia sobre la trayectoria de los precios y la futura política monetaria.
Wall Street afronta el cierre de septiembre
La bolsa estadounidense llega al final de septiembre con un comportamiento desigual. El S&P 500 y el Dow Jones se encaminan a cerrar el mes en negativo, mientras que el Nasdaq acumula una subida superior al 1%. En el conjunto del tercer trimestre, el S&P 500 y el Nasdaq avanzan alrededor de un 2%, una evolución que la fuente considera destacable pese al fuerte incremento de las rentabilidades.
Desde China también llegaron señales moderadamente positivas. El PMI manufacturero oficial pasó de 49,8 a 50,1, superando el nivel de 50 que separa la contracción del crecimiento. La industria puso así fin a dos meses de retroceso, con una mejora especialmente visible en la producción de alta tecnología, la maquinaria y los bienes de consumo. El sector servicios también volvió a crecer, mientras el ciclo de inversión en inteligencia artificial continúa respaldando a la industria del país.
La referencia decisiva para los mercados sigue siendo, sin embargo, el dato de inflación estadounidense. Si sorprende a la baja, los bonos podrían estabilizarse y la probabilidad de una subida de tipos podría seguir descendiendo. Si decepciona, la rentabilidad del bono a 10 años, situada cerca del 5,3%, todavía podría encontrar margen para avanzar.











