La inflación subyacente de Estados Unidos se moderó más de lo esperado en el segundo trimestre y ofrece a los mercados una señal de alivio en un momento de elevada presión sobre los tipos de interés. El índice PCE subyacente, la referencia de precios que la Reserva Federal sigue con mayor atención, avanzó un 3,3%, frente al 3,6% que anticipaban los economistas.
El dato forma parte de la publicación definitiva sobre el crecimiento de la economía estadounidense difundida este miércoles a las 14.30 horas, en horario peninsular español. Para los inversores, la lectura de la inflación era el elemento central del informe, ya que ayuda a determinar si el encarecimiento de la energía se está trasladando al conjunto de la economía.
Menos presión sobre la Reserva Federal
El PCE subyacente excluye los precios de los alimentos y la energía. Por eso, aunque no recoge de forma directa el impacto de las variaciones del petróleo, permite observar si ese encarecimiento termina extendiéndose a otros bienes y servicios. El dato publicado apunta a que ese efecto está siendo menor de lo que se temía.
La moderación llega además después de una semana complicada para el mercado de deuda estadounidense. La rentabilidad de los bonos del Tesoro alcanzó su nivel más alto en más de veinte años, mientras los inversores buscaban indicios de que las presiones inflacionistas no estaban ganando fuerza.
Una inflación subyacente tres décimas inferior a la prevista da margen a la Reserva Federal para esperar antes de volver a subir los tipos. Esa posibilidad encaja con el mensaje defendido el martes por la noche por John Williams, presidente de la Fed de Nueva York, que sostuvo que no había prisa por dar el siguiente paso.
Antes de conocerse el dato, la probabilidad de una subida de tipos en octubre había descendido desde más del 70% al comienzo de la semana hasta alrededor del 45% esta mañana. La lectura de los precios, mejor de lo esperado, refuerza esa evolución.
El crecimiento mantiene abierto el debate
La señal de inflación, sin embargo, no resuelve el dilema de la política monetaria estadounidense. Los mismos datos muestran que el producto interior bruto creció un 2,2% en el segundo trimestre, por encima del 1,5% que esperaba el mercado.
Que la economía conserve ese ritmo con los tipos actuales puede interpretarse como un argumento a favor de mantener una política monetaria más dura. También ofrece respaldo a quienes dentro de la Reserva Federal consideran que las condiciones financieras todavía no son suficientemente restrictivas.
El presidente de la Fed, Kevin Warsh, ya había señalado que la política monetaria aún no era restrictiva. La fortaleza de la actividad económica refuerza esa posición y deja abierta la posibilidad de nuevas subidas, aunque el dato de inflación reduzca la urgencia inmediata.
El índice general sigue afectado por el petróleo
El índice general de precios PCE aumentó un 5,0% en el trimestre, impulsado por los meses en los que el petróleo registró precios elevados. La diferencia con el indicador subyacente ilustra el peso que ha tenido la energía en la evolución general de la inflación.
El escenario que dejan las cifras es, por tanto, mixto: la inflación subyacente se desacelera más de lo previsto, pero el crecimiento económico supera las expectativas. Para la Reserva Federal, esto significa que puede esperar antes de actuar, aunque todavía no dispone de razones suficientes para acelerar las bajadas de tipos.










