Nvidia mantiene conversaciones con aseguradoras para crear estructuras que cubran parte del riesgo crediticio asociado a sus chips de inteligencia artificial y a los centros de datos que los utilizan. La compañía busca así facilitar el acceso a financiación de clientes que quieren comprar sus GPU, pero que no cuentan con la capacidad financiera de gigantes como Amazon, Microsoft o Google.
Las conversaciones todavía se encuentran en una fase inicial y no tienen por qué desembocar en acuerdos. El planteamiento, sin embargo, apunta a una ambición más amplia: que los chips de IA puedan financiarse de forma parecida a otros activos de elevado valor, como los aviones.
Un seguro para respaldar el valor de las GPU
Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, ya ha defendido que los chips de inteligencia artificial deberían considerarse una clase de activo propia. La comparación con las aeronaves parte de una característica común: se trata de bienes caros, con una vida útil prolongada, que pueden adquirirse mediante combinaciones de crédito, arrendamiento y seguros.
Una posible estructura permitiría que una empresa de computación en la nube, una llamada neocloud, se endeudara para comprar chips de Nvidia y los utilizara como garantía. El problema para los bancos es determinar cuánto valdrían esas GPU si la compañía quebrara y hubiera que venderlas para recuperar el préstamo.
El seguro serviría precisamente para cubrir la diferencia entre el valor de liquidación de los chips y el importe pendiente de la deuda. Si la garantía perdiera valor, la aseguradora asumiría parte de esa pérdida y los acreedores tendrían más incentivos para prestar dinero.
Nvidia ha compartido con las entidades financieras datos sobre la depreciación de sus chips y sobre la evolución prevista del precio de la capacidad de cómputo. Esa información sería relevante para calcular las primas, valorar las garantías y estimar el riesgo de las operaciones.
La financiación se extiende más allá de los bancos
La iniciativa encaja con una implicación cada vez mayor de Nvidia en la financiación de sus propios clientes. La compañía ya ha respaldado estructuras promovidas por Goldman Sachs y Apollo que aspiran a liberar hasta 500.000 millones de dólares para infraestructuras de inteligencia artificial.
Además, Nvidia avala alrededor de 105.000 millones de dólares en compromisos de arrendamiento vinculados a un gran centro de datos de OpenAI. La empresa prevé incluso que, el próximo año, aproximadamente una cuarta parte de sus ingresos proceda de laboratorios de IA a los que apoya utilizando su propio balance.
El movimiento incorpora al ciclo de inversión en inteligencia artificial a bancos, fondos de crédito privado, fondos de cobertura, gestoras de activos y, potencialmente, compañías de seguros. Nvidia deja de limitarse a vender chips y participa también en la creación de las condiciones financieras necesarias para que sus clientes puedan adquirirlos.
El riesgo de una depreciación más rápida
El principal interrogante está en el valor futuro de las GPU. Si la capacidad de cómputo se abarata con rapidez o las nuevas generaciones hacen menos atractivos los modelos anteriores, el valor de los chips utilizados como garantía podría caer de forma significativa.
Una investigación citada por el Financial Times señala que un sistema Nvidia H100 de 2022 vale actualmente aproximadamente lo mismo que cuando fue comprado. Pero, si la oferta de capacidad de cómputo llegara a superar la demanda, ese mismo sistema podría conservar cerca de dos tercios de su valor después de un año y valer apenas unos 30.000 dólares al cabo de seis años.
La expansión de estas estructuras puede reforzar la demanda de chips de Nvidia, pero también aumenta la exposición del sistema financiero a una misma hipótesis: que la capacidad de computación para IA mantenga suficiente valor durante el tiempo necesario para que la deuda contraída pueda devolverse.











