Wall Street encara el inicio de octubre con avances en los futuros pese a la presión creciente del mercado de deuda. Los contratos del S&P 500 suben alrededor de un 0,6%, mientras que los del Nasdaq 100 avanzan más de un 1% y se aproximan a sus máximos históricos.
La resistencia de la renta variable resulta especialmente llamativa porque las rentabilidades de los bonos estadounidenses continúan en niveles muy elevados. El rendimiento del bono a diez años volvió a tocar el 5,3% el miércoles y el del bono a treinta años superó el 5,6%, su cota más alta desde 2002.
Una inflación más baja de lo previsto da margen a la Bolsa
El principal apoyo para los mercados llegó del índice de precios PCE, el indicador de inflación que la Reserva Federal utiliza como referencia. La tasa interanual se situó en el 3,4%, por debajo del 3,7% que esperaban los economistas.
La sorpresa moderadamente positiva reduce la presión sobre el banco central estadounidense para reanudar las subidas de los tipos de interés a corto plazo. Esa lectura ayuda a explicar que las bolsas aguanten pese al encarecimiento de la deuda y que, en particular, los valores tecnológicos mantengan un comportamiento relativamente sólido.
Sin embargo, la reacción del mercado de bonos fue contenida. En lugar de registrar un descenso claro tras conocerse el dato de inflación, el rendimiento del bono a diez años se mantuvo en torno al 5,28%, mientras que el del bono a treinta años rondó el 5,62%.
La deuda pública pesa cada vez más en el mercado
La evolución de las rentabilidades sugiere que la inflación no es la única preocupación de los inversores. El volumen de deuda pública estadounidense y el elevado calendario de nuevas emisiones del Tesoro también ejercen presión sobre los bonos. La deuda del país ya ha superado los 40 billones de dólares.
Según TD Securities, esta situación no implica que Estados Unidos se dirija de forma inmediata hacia una crisis de deuda. El vencimiento medio de la deuda pública se sitúa en unos 5,9 años, de modo que el aumento de los tipos de mercado se traslada gradualmente al coste total de los intereses que paga el Estado.
El Tesoro afronta un coste mayor cuando emite nueva deuda, pero no necesita refinanciar de una sola vez todo el volumen ya existente. Por eso, la presión fiscal se acumula de manera progresiva, aunque el mercado sigue vigilando su impacto sobre las rentabilidades a largo plazo.
El empleo será la próxima prueba para las bolsas
La atención se desplaza ahora hacia el mercado laboral. El jueves se conocerán las solicitudes semanales de prestaciones por desempleo y el viernes se publicará el informe de empleo correspondiente a septiembre.
Unos datos sólidos podrían reactivar las expectativas de tipos elevados. Si el mercado laboral conserva su fortaleza y la economía apenas pierde ritmo, la Reserva Federal tendría más margen para mantener una política monetaria restrictiva. Unas cifras más débiles, en cambio, podrían aliviar la presión sobre el mercado de deuda.
Mientras tanto, los beneficios empresariales siguen proporcionando respaldo a la renta variable. Wells Fargo sostiene que las compañías están presentando resultados sorprendentemente sólidos, una tendencia que volvió a reflejar Micron en sus últimas cuentas. Ese apoyo ayuda a explicar la resistencia del sector tecnológico ante unos tipos de interés altos.
La evolución de septiembre ya mostró la divergencia entre índices: el Dow Jones perdió un 4,3% y el S&P 500 cayó un 0,5%, mientras que el Nasdaq ganó un 1,9%. Por ahora, los beneficios permiten a las tecnológicas convivir con el encarecimiento de la deuda. Pero si el empleo vuelve a mostrar una fortaleza excesiva y las rentabilidades continúan subiendo, ese equilibrio será más difícil de sostener.











