El dólar se encamina hacia su cuarta semana consecutiva de subidas, en una racha que ya supera el 3% de apreciación desde el 14 de septiembre y que es la más larga desde principios de 2025. El avance refleja la búsqueda de refugio ante la incertidumbre geopolítica, el encarecimiento del petróleo y unos tipos de interés más elevados en Estados Unidos, pero también introduce presión sobre activos como Bitcoin (BTC), el oro y buena parte de la renta variable.
El petróleo y los tipos refuerzan al dólar
El índice DXY, que mide la evolución del dólar frente a una cesta de seis grandes divisas, acumula la que sería su cuarta semana al alza. La guerra en torno a Irán ha elevado la inquietud entre los inversores y ha impulsado el precio del crudo. En episodios de tensión, la divisa estadounidense suele beneficiarse de su condición de activo refugio.
El diferencial de tipos también juega a favor del dólar. La rentabilidad de las inversiones denominadas en la moneda estadounidense ha aumentado más que en otras economías, lo que favorece la entrada de capital. A ese flujo se suma la inversión extranjera en compañías estadounidenses vinculadas a la inteligencia artificial.
El petróleo más caro añade presión sobre la inflación. El aumento de los costes de transporte y energía termina trasladándose a otros precios y eleva las expectativas de inflación. Quienes prestan dinero exigen entonces una rentabilidad superior para compensar la pérdida de poder adquisitivo, lo que contribuye a elevar los tipos de interés.
Los déficits presupuestarios y la elevada deuda pública de Estados Unidos también participan en ese repunte de los tipos, al igual que la fuerte demanda de capital para financiar inversiones en inteligencia artificial. En Europa, las dudas sobre las cuentas públicas, especialmente en Francia, han tenido un efecto distinto: los inversores exigen más rentabilidad como compensación por el mayor riesgo percibido, una señal de desconfianza que no necesariamente atrae capital hacia el euro.
Por qué un dólar fuerte afecta a Bitcoin y al oro
Un dólar al alza suele coincidir con unas condiciones financieras más exigentes. En la bolsa, unos tipos elevados reducen el valor presente de los beneficios futuros y encarecen el crédito. Las empresas con más deuda afrontan mayores gastos financieros y las que necesitan refinanciarse pueden encontrar más dificultades.
Las grandes compañías de inteligencia artificial han resistido por ahora ese entorno porque el crecimiento de sus beneficios ha llevado a los inversores a elevar sus previsiones. Sin embargo, el nivel de exigencia también aumenta y deja menos margen para decepciones.
Bitcoin y el oro afrontan una presión específica: ninguno de los dos activos genera intereses. Cuando los bonos soberanos ofrecen una rentabilidad mayor, mantener posiciones en activos que no pagan cupón implica un coste de oportunidad más alto.
El fortalecimiento del dólar también reduce la liquidez fuera de Estados Unidos. Una parte importante de los préstamos internacionales está denominada en dólares, de modo que quienes se endeudan en esa moneda necesitan destinar más recursos en su divisa local para devolverlos cuando el dólar se aprecia.
El petróleo y las elecciones, próximos focos de atención
La continuidad de la subida del dólar no está garantizada. El entusiasmo por la inteligencia artificial recibió un revés después de que OpenAI comunicara unos ingresos inferiores a lo previsto, mientras que las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos podrían alimentar el temor a una regulación más estricta del sector si los demócratas recuperan el control de al menos una de las cámaras del Congreso.
Dominic Bunning, responsable de estrategia de divisas de Nomura, identifica el precio del petróleo como el principal riesgo para el dólar. Según su valoración, la moneda podría perder atractivo antes de las elecciones si Donald Trump reduce la tensión con Irán para aliviar los costes energéticos y mejorar las perspectivas de los republicanos. El presidente estadounidense afirmó que Estados Unidos no atacará a Irán antes de los comicios, después de haber contemplado a principios de mes posibles acciones de mayor intensidad tras la votación.











