Bitcoin podría beneficiarse de casi cualquier desenlace macroeconómico, incluida una expansión extraordinaria de la productividad impulsada por la inteligencia artificial. Sin embargo, ese escenario también encierra un riesgo menos evidente: que el aumento de la riqueza se concentre en las máquinas y no llegue a los trabajadores.
La tesis alcista de Bitwise
Matt Hougan, director de inversiones de Bitwise, sostiene en un memorando fechado el 14 de octubre que prácticamente todas las rutas macroeconómicas contempladas terminarían favoreciendo una cotización más alta para Bitcoin.
Entre esas posibilidades figura un fuerte auge de la productividad provocado por la inteligencia artificial. En opinión de Hougan, una transformación de ese calibre haría más valiosos los activos escasos, una categoría en la que sitúa a Bitcoin. La lógica parte de que una economía con mayor productividad y más riqueza buscaría instrumentos capaces de preservar valor cuando la oferta no puede ampliarse con facilidad.
La tesis, no obstante, depende de cómo se distribuya el beneficio de esa nueva productividad. Un crecimiento de la riqueza no tendría necesariamente el mismo efecto si se concentra en los propietarios de las tecnologías y deja al margen a buena parte de la población.
El escenario que introduce el BIS
Dos días antes del memorando de Hougan, el Banco de Pagos Internacionales publicó un documento de trabajo en el que modela una cuarta posibilidad relacionada con la inteligencia artificial. El escenario contempla que la tecnología automatice una parte del trabajo y eleve la productividad, pero plantea una distribución desigual de los beneficios.
Ese supuesto introduce una tensión en la lectura más optimista sobre el impacto de la IA en Bitcoin. La automatización puede aumentar la capacidad productiva de la economía sin garantizar que los trabajadores reciban una proporción equivalente de la riqueza generada. Si las máquinas se enriquecen mientras los ingresos laborales no avanzan al mismo ritmo, el resultado macroeconómico puede diferir del auge generalizado que presupone la tesis alcista.
La diferencia entre ambos enfoques no está tanto en la capacidad de la inteligencia artificial para elevar la productividad como en quién captura sus ganancias. Para Hougan, una economía más próspera reforzaría el atractivo de los activos escasos. El escenario analizado por el BIS recuerda que la prosperidad agregada puede ocultar una distribución más desequilibrada.
Así, el auge de la IA no aparece como una vía automáticamente favorable para Bitcoin. Su impacto dependerá también de la relación entre productividad, empleo y distribución de la renta. La escasez del activo puede seguir siendo un argumento central, pero no elimina las incertidumbres derivadas de una economía en la que el principal beneficiario de la automatización no sea el trabajador.











