La economía china creció un 4,5% interanual en el tercer trimestre de 2026, por encima del 4,4% que esperaban los analistas y del 4,3% registrado entre abril y junio. El dato ofrece cierto alivio a Pekín y acerca al país al objetivo anual de expansión, situado entre el 4,5% y el 5%, aunque la recuperación continúa marcada por la debilidad inmobiliaria y la falta de impulso de la demanda interna.
La industria y el consumo muestran una mejora desigual
Con el resultado del tercer trimestre, el crecimiento acumulado en los nueve primeros meses del año alcanza el 4,6%. China se encamina así a cumplir la meta fijada por el Gobierno para 2026, lo que podría reducir la urgencia de aprobar nuevos estímulos a corto plazo.
Los últimos indicadores apuntan a una cierta mejora de la actividad. La producción industrial aumentó un 5,5% en septiembre, en línea con las previsiones. Las ventas minoristas, por su parte, crecieron un 1,1%, frente al avance del 0,4% registrado en agosto.
La evolución del consumo resulta algo más favorable si se excluyen los automóviles. En ese caso, las ventas minoristas avanzaron un 3,9%, su mayor ritmo desde octubre de 2025. El mercado laboral también ofreció una señal positiva: la tasa de paro urbano descendió inesperadamente del 5,3% al 5,2% en septiembre.
Para Xing Zhaopeng, estratega para China de ANZ, el aumento del gasto público ha contribuido a sostener la recuperación. El experto, sin embargo, considera que la economía sigue expuesta a riesgos porque no está claro cuánto margen conserva Pekín para continuar elevando el gasto. La situación es especialmente relevante en un momento en que los bancos afrontan márgenes de rentabilidad reducidos y las administraciones locales atraviesan tensiones financieras.
El inmobiliario sigue siendo el principal lastre
La mejora del producto interior bruto no elimina los problemas estructurales que pesan sobre la segunda mayor economía del mundo. El sector inmobiliario continúa sometido a una fuerte presión: la inversión en este ámbito se desplomó un 20,6% durante los nueve primeros meses del año.
La inversión en infraestructuras también retrocedió, un 4,2%. En conjunto, la inversión en activos fijos se situó un 7,2% por debajo del nivel registrado un año antes. Estas cifras reflejan la dificultad de la economía china para recuperar un motor de crecimiento que durante años tuvo un peso central en la actividad.
El contraste es más visible al comparar el frente exterior con la demanda doméstica. Las empresas chinas se están beneficiando de la inversión mundial vinculada a la inteligencia artificial, que impulsa la demanda de determinados productos y bienes industriales. Los hogares, en cambio, mantienen una actitud prudente y limitan el gasto.
Como resultado, China depende cada vez más de sus exportaciones. Esa situación está elevando las tensiones con sus socios comerciales. El superávit comercial podría volver a marcar un récord este año después de superar los 1,2 billones de dólares en 2025.
Más presión sobre el yuan y las exportaciones
La fortaleza exportadora china también afecta a la relación comercial con otras economías. La Unión Europea estudia nuevas medidas para contener el aumento de las importaciones procedentes de China, mientras dirigentes de otros países reclaman a Pekín que permita una mayor apreciación del yuan.
El Fondo Monetario Internacional calcula que la moneda china está infravalorada entre un 17,3% y un 25,3%. Esa valoración abarata los productos chinos para los compradores extranjeros y refuerza la posición competitiva de sus exportadores. Aun así, el yuan acumula una apreciación superior al 4% frente al dólar estadounidense en lo que va de año.
Tras conocerse los datos de crecimiento, la moneda avanzó otro 0,1% el lunes. La rentabilidad del bono chino a diez años subió ligeramente, hasta el 1,65%.
Helen Qiao, economista jefa para China de Bank of America, considera que la solidez de los indicadores industriales apunta a que las nuevas medidas de apoyo probablemente serán limitadas. La evolución del consumo interno durante los próximos meses será determinante para comprobar si la recuperación puede sostenerse sin una dependencia aún mayor de las exportaciones.









