El cobre acumula una subida del 15,8% desde principios de 2026 y supera el 30% de avance en los últimos doce meses, mientras el oro pierde alrededor de un 4% en lo que va de año. La divergencia entre ambos metales refleja, según el análisis recogido por la fuente, el creciente peso del cobre en sectores como la inteligencia artificial, las redes eléctricas y la defensa.
La demanda vinculada a la inteligencia artificial sostiene al cobre
La expansión de los centros de datos está reforzando el consumo de cobre. Estos proyectos requieren el metal para sus instalaciones eléctricas, los chips, las redes de transmisión y los sistemas de refrigeración. El desarrollo de infraestructuras asociadas a la inteligencia artificial añade así una fuente de demanda que no depende únicamente del ciclo industrial tradicional.
Taylor Melvin, consejero delegado de Ivanhoe Electric, considera que esta demanda es relativamente poco sensible a las variaciones del precio. Su argumento es que un proveedor de servicios en la nube no cancelará un centro de datos valorado en miles de millones de dólares por un encarecimiento moderado del cobre, dado que el metal representa solo una parte del coste total del proyecto.
Una lógica similar se aplica al gasto en defensa. Los Gobiernos que destinan grandes cantidades a seguridad nacional difícilmente modificarán sus planes por una subida del precio del cobre. De este modo, tanto las inversiones tecnológicas como algunos programas públicos pueden mantener el consumo incluso en un entorno menos favorable para otras materias primas.
La cotización del cobre se desacopla de las acciones de IA
La fortaleza del metal adquiere especial relevancia por la presión que afrontan las acciones relacionadas con la inteligencia artificial. Las dudas sobre sus valoraciones, el endeudamiento y la rentabilidad de las inversiones están afectando a estos valores. Sin embargo, una corrección en bolsa no implica necesariamente que las empresas paralicen la construcción de centros de datos ya planificados.
Por esa razón, Melvin sostiene que el cobre podría conservar una fortaleza relativa aunque se intensifique la caída de las cotizaciones de las compañías vinculadas a la IA. La evolución del metal respondería en mayor medida a la demanda física de infraestructuras que al comportamiento diario de las acciones tecnológicas.
Una oferta con dificultades para seguir el ritmo
El mercado también afronta tensiones por el lado de la oferta. La incertidumbre sobre posibles aranceles estadounidenses a las importaciones ha impulsado el almacenamiento de grandes volúmenes de cobre en Estados Unidos. Esa acumulación puede reducir la disponibilidad del metal en otras regiones.
En China, las existencias se encuentran en niveles excepcionalmente bajos y las primas del mercado local están aumentando. Aberdeen Investments describe el cobre como uno de los ejemplos más claros de una materia prima cuya oferta tiene dificultades para acompañar el crecimiento de la demanda.
En este contexto, la entidad considera que probablemente serán necesarios precios más altos para incentivar nueva producción. La combinación de consumo asociado a la inteligencia artificial, expansión de las redes eléctricas, gasto en defensa y restricciones estructurales de suministro explica por qué el avance del cobre podría tener un alcance más amplio y prolongado que el de un ciclo tecnológico puntual. En contraste, el oro registra una evolución más débil, con una caída aproximada del 4% en 2026.







