La rentabilidad del bono francés a diez años subió el jueves hasta el 5,13%, tras avanzar 0,12 puntos porcentuales, y alcanzó su nivel más alto desde 2002. El repunte refleja la creciente preocupación de los inversores por la capacidad de Francia para controlar su deuda y su déficit, en un contexto marcado también por las protestas contra el coste de la vida.
El diferencial con Alemania vuelve a niveles de 2011
La presión sobre la deuda francesa no se limita al aumento de su rentabilidad. El diferencial frente al bono alemán se amplió hasta 1,74 puntos porcentuales, la mayor brecha desde la crisis de deuda europea de 2011. Alemania se considera uno de los emisores más seguros de la eurozona, por lo que este indicador sirve para medir el riesgo adicional que el mercado percibe en Francia.
La deuda pública italiana también sufrió ventas. Su diferencial frente a Alemania ascendió a 1,27 puntos porcentuales, en una jornada de tensión para los mercados internacionales. Las bolsas registraron una oleada de descensos, mientras los inversores expresaban su preocupación por el volumen de las inversiones relacionadas con la inteligencia artificial y por el encarecimiento del petróleo, que podría volver a alimentar la inflación.
En ese entorno, parte del dinero buscó refugio en la deuda pública de Estados Unidos y Alemania. Los bonos franceses, en cambio, no se beneficiaron de esos flujos, una señal de que los problemas específicos de las finanzas públicas del país están pesando sobre la percepción del mercado.
Francia afronta presión financiera y política
Francia arrastra desde hace tiempo una deuda pública elevada y un déficit presupuestario abultado. El Gobierno intenta sanear las cuentas, pero encuentra una resistencia cada vez mayor. Las protestas por el aumento del coste de la vida desembocaron en episodios violentos durante los últimos días, y la policía de París prohibió el jueves manifestaciones en varios puntos clave de la capital ante el riesgo de nuevos disturbios.
La conflictividad complica la aplicación de medidas destinadas a contener el gasto público. Además, las elecciones presidenciales del próximo año introducen un factor adicional de incertidumbre. Henrietta Pacquement, de Allspring Global Investments, considera que la rentabilidad de la deuda francesa por encima del 5% concentra la atención del mercado, pero señala que todavía está por ver si el Gobierno consigue el respaldo político necesario para abordar el deterioro presupuestario.
Los analistas matizan la comparación con la crisis del euro
El repunte del bono francés ha reavivado los recuerdos de la crisis de deuda europea de 2011, aunque algunos analistas creen que ambas situaciones no son directamente comparables. Entonces, varios países europeos afrontaban graves problemas financieros y el sistema bancario estaba sometido a fuertes presiones. En la actualidad, la eurozona dispone de mecanismos de protección más sólidos y Francia no atraviesa una crisis bancaria urgente de las mismas características.
El expresidente del Banco Central Europeo Mario Draghi tampoco prevé por ahora una intervención de las autoridades. Según su valoración, las tensiones en el mercado de bonos todavía no han alcanzado una intensidad que justifique medidas de emergencia.
La posibilidad de que las rentabilidades sigan subiendo, sin embargo, continúa sobre la mesa. Craig Veysey, gestor de fondos de Guinness Global Investors, sostiene que la deuda pública europea podría afrontar nuevas presiones. Su firma ha reducido sus inversiones en bonos italianos y alemanes y ha aumentado su exposición a deuda británica y estadounidense. Veysey advierte incluso de que Alemania podría verse afectada si los inversores temen que tenga que aportar recursos para respaldar a los países más endeudados.










