El oro cayó un 1,9% este jueves, hasta los 4.060 dólares por onza troy, y marcó su nivel más bajo desde el 4 de agosto. La plata sufrió un retroceso todavía más pronunciado, del 3,9%, hasta situarse en torno a los 55,72 dólares. Las ventas se producen en un contexto de nuevas tensiones geopolíticas en Oriente Próximo, una circunstancia que habitualmente favorece a los metales preciosos como activos refugio.
Ambos mercados recuperaron después una pequeña parte de las pérdidas. Hacia las 14:35 horas en la España peninsular, el oro cotizaba alrededor de los 4.073 dólares por onza, mientras que la plata avanzaba ligeramente hasta los 55,77 dólares.
El petróleo cambia la reacción del mercado
El movimiento de los metales está relacionado con la respuesta de los inversores al recrudecimiento del conflicto. Los nuevos ataques de los hutíes contra objetivos en Arabia Saudí han elevado el temor a una escalada en la región y han impulsado con fuerza el precio del petróleo.
El barril de Brent ronda los 110 dólares y el crudo estadounidense WTI se sitúa cerca de los 98 dólares. El encarecimiento de la energía ha reavivado la preocupación por la inflación, ya que unos costes más altos del combustible pueden trasladarse al transporte, la producción y, finalmente, a los precios que pagan los consumidores.
Esta dinámica altera el comportamiento habitual del oro. Aunque el metal suele utilizarse como cobertura frente a la inflación y como refugio durante periodos de incertidumbre, una inflación persistente también puede aumentar las probabilidades de que la Reserva Federal mantenga una política monetaria restrictiva o vuelva a elevar los tipos de interés.
El oro y la plata no generan intereses. Por eso, cuando la deuda pública y otros activos ofrecen una rentabilidad más elevada, ambos metales pueden perder atractivo relativo entre los inversores. La presión es mayor sobre la plata por su importante componente industrial: unos tipos más altos pueden frenar el crecimiento económico y debilitar la demanda asociada a sus usos productivos.
La atención se desplaza ahora hacia la Reserva Federal
El mercado centra ahora su atención en la próxima reunión de la Reserva Federal estadounidense, prevista para los días 27 y 28 de octubre. La expectativa es que el banco central mantenga los tipos sin cambios en esa cita, aunque los operadores ya asignan una probabilidad del 86% a una subida en diciembre.
Goldman Sachs también contempla un incremento de 0,25 puntos porcentuales en diciembre, que situaría los tipos en un intervalo del 4,00% al 4,25%. Estas previsiones contribuyen a mantener la presión sobre el oro, especialmente si los próximos datos confirman que la inflación continúa siendo más resistente de lo esperado.
La semana pasada, los datos publicados en Estados Unidos mostraron que tanto los precios al consumo como los precios de producción habían aumentado por encima de las previsiones. El siguiente indicador relevante llegará el 29 de octubre, con la publicación del índice PCE, una de las principales referencias que utiliza la Reserva Federal para evaluar la evolución de la inflación.
Soni Kumari, analista de ANZ, considera que la persistencia de la incertidumbre en el mercado energético podría provocar nuevas caídas del oro. Un dato de inflación superior a las expectativas reforzaría las apuestas por nuevas subidas de tipos y añadiría presión a la cotización de los metales preciosos.










