Ken Griffin, fundador y consejero delegado del fondo de inversión libre Citadel, considera que casi con toda seguridad existe una burbuja alrededor de la inteligencia artificial (IA). Su principal preocupación no está tanto en la tecnología como en la posibilidad de que el sector acumule más chips y capacidad de cálculo de la que realmente necesitarán los clientes.
Griffin expuso su diagnóstico el martes durante una conferencia celebrada en Nueva York, en un momento en el que los inversores examinan con más cautela los miles de millones de dólares destinados a centros de datos y unidades de procesamiento gráfico (GPU). Las dudas ya presionan a las compañías vinculadas a la IA y se extienden al conjunto del mercado estadounidense.
El riesgo de fabricar más capacidad de la necesaria
Las GPU son esenciales para entrenar y ejecutar modelos de IA. Las grandes empresas tecnológicas están invirtiendo cientos de miles de millones de dólares en estos equipos con la expectativa de alquilar su capacidad de cálculo a precios elevados durante años.
La comparación utilizada por Griffin es la de los asientos de un avión. Para una aerolínea, el mayor coste está en poner el asiento a disposición del pasajero, mientras que atender a un cliente adicional apenas incrementa el gasto. Por eso, resulta preferible vender un asiento por 20 dólares antes que dejarlo vacío.
El mismo mecanismo podría aplicarse a las GPU si el sector construye más capacidad de cálculo de la que demanda el mercado. Los proveedores competirían entonces por llenar sus equipos, lo que presionaría los precios a la baja. En ese escenario, las inversiones multimillonarias podrían no llegar a recuperarse y la burbuja terminaría desinflándose.
Griffin recordó un precedente relacionado con la fibra óptica alrededor del año 2000. Las empresas de telecomunicaciones tendieron mucho más cable del que se necesitaba, generando un exceso de capacidad. El ejecutivo también cuestionó que los chips con cinco o seis años de antigüedad puedan seguir alquilándose durante varios años a precios elevados.
Una transformación con posibles excesos
Aunque advierte de una burbuja, Griffin no considera necesariamente que el proceso vaya a fracasar. En su opinión, las grandes transformaciones económicas suelen venir acompañadas de episodios de sobrevaloración, como ocurrió con el auge de internet en torno al año 2000. Lo que permanece después de esas etapas, señaló, puede cambiar las reglas del juego a escala mundial, mientras que las empresas que sobreviven tienden a convertirse en líderes durante las décadas siguientes.
La dimensión de la apuesta ya se refleja en la composición del mercado. Según JPMorgan, 41 compañías relacionadas con la IA concentran casi la mitad de la capitalización del S&P 500, el índice que reúne a las 500 mayores empresas estadounidenses. Solo las compañías ferroviarias llegaron a representar un peso mayor en el índice, en el siglo XIX.
Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, mantiene una visión más expansiva. En enero, durante el Foro Económico Mundial de Davos, afirmó que el sector apenas había invertido unos cientos de miles de millones de dólares y que todavía quedaban billones por destinar a nuevas infraestructuras.
La advertencia llega tras una compra con descuento
Las declaraciones de Griffin tienen además un elemento particular: Citadel aprovechó este verano la venta forzada de activos vinculados a la IA. El 30 de julio, el fondo adquirió con un descuento aproximado del 10% la mayor parte de la cartera de Situational Awareness, creado por el exinvestigador de OpenAI Leopold Aschenbrenner.
Situational Awareness había pedido prestado hasta cuatro veces su patrimonio para comprar acciones relacionadas con la IA y, según las estimaciones citadas, perdió alrededor del 67% de su valor en julio. La caída llevó a sus prestamistas a exigir garantías adicionales y obligó al fondo a vender.
En agosto, Griffin comunicó a sus clientes que Citadel ya había reducido en más de un 80% la exposición al riesgo de esa cartera. Mientras crece el debate sobre la rentabilidad de las inversiones en IA, el mercado afronta también el petróleo caro y unas rentabilidades elevadas de la deuda pública, factores que encarecen la financiación y elevan las exigencias de retorno.
Goldman Sachs Research prevé que el crecimiento de la inversión de las principales empresas dedicadas a las infraestructuras de IA pase del 75% registrado en el tercer trimestre de 2025 al 25% a finales de este año. Si se cumple esa previsión, los fabricantes de chips serían los primeros en notar la desaceleración en sus ingresos.










