El servicio de inteligencia militar de Países Bajos, el MIVD, habría vigilado durante años el iPhone de Jared Kushner, yerno de Donald Trump y uno de sus principales asesores durante su etapa en la Casa Blanca. La operación habría permitido a los agentes neerlandeses ver el contenido de la pantalla del dispositivo y, según nuevas revelaciones, coincidió con la existencia de dos supuestas cuentas secretas que habrían reunido 1.750 millones de dólares vinculados a gobiernos de Oriente Próximo.
Una intrusión basada en una técnica del GRU
La información procede del periodista estadounidense Matthew Cole y aparece recogida en un adelanto de su nuevo libro publicado por Vanity Fair. Según su investigación, el MIVD descubrió cómo el GRU, el servicio de inteligencia militar ruso, accedía a teléfonos móviles después de interceptar previamente a uno de sus agentes.
Los especialistas neerlandeses habrían conseguido reproducir esa técnica y utilizarla desde 2018 contra el teléfono de Kushner. El acceso, de acuerdo con el relato de Cole, tenía límites concretos: los agentes podían observar lo que aparecía en la pantalla, pero no escuchar las conversaciones ni manejar el dispositivo a distancia.
La vigilancia habría sido especialmente sensible por el papel de Kushner en la Administración estadounidense. Como asesor de Trump, participaba en asuntos relacionados con la política de Estados Unidos en Oriente Próximo y mantenía contactos con dirigentes de Israel, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos.
Dos cuentas bajo sospecha
Esas relaciones internacionales aparecen también en las acusaciones financieras que recoge la investigación. La primera cuenta, identificada con el nombre en clave Alpha, habría estado abierta en Dubái y habría acumulado unos 750 millones de dólares. El dinero procedería de dirigentes saudíes y emiratíes y habría pasado por un banco de Azerbaiyán.
La segunda, denominada Beta, habría estado en Israel y habría concentrado alrededor de 1.000 millones de dólares. Las fuentes citadas por Cole sostienen que esos fondos estaban destinados al beneficio económico personal de Kushner. En total, las cantidades mencionadas ascienden a 1.750 millones de dólares.
La supuesta trama también salpica al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y al entonces embajador estadounidense en Israel, David Friedman. Friedman niega haber conocido esos hechos. La existencia de las cuentas y el destino final del dinero no han podido verificarse de forma independiente, y buena parte de las acusaciones se apoya en fuentes anónimas. Tampoco está claro si el MIVD llegó a identificar esas cuentas durante la operación de vigilancia.
Negación de Kushner y dudas sobre los aliados
El abogado de Kushner rechaza las acusaciones y asegura que las cuentas citadas no existen. También niega que el exasesor de Trump suscribiera acuerdos financieros ilícitos con gobiernos extranjeros. Hasta el momento, según la información disponible, no se han presentado cargos penales que respalden las denuncias.
El caso plantea dos tipos de interrogantes. El primero afecta a la posible independencia de la política exterior estadounidense: si gobiernos extranjeros hubieran tratado de influir económicamente en una figura central de las negociaciones sobre Oriente Próximo, podrían surgir conflictos de intereses relevantes. La investigación, no obstante, no demuestra que esa influencia llegara a producirse.
El segundo se refiere a la relación entre servicios de inteligencia aliados. Países Bajos es un socio importante de Estados Unidos, pero el supuesto espionaje a una persona del círculo más cercano del presidente evidencia los límites de la confianza entre gobiernos amigos cuando está en juego el acceso a información sensible.










