OpenEvidence ha alcanzado una valoración de 15.000 millones de dólares con un asistente de inteligencia artificial que ya utilizan de forma habitual muchos médicos estadounidenses. La empresa, fundada en 2022, asegura que su herramienta recibió más de 42 millones de consultas el mes pasado. Su crecimiento es notable, pero la evidencia disponible sobre la calidad de sus recomendaciones todavía no ofrece una respuesta concluyente.
Un asistente integrado en la práctica clínica
OpenEvidence fue fundada en Miami por Daniel Nadler y basa sus respuestas en revistas médicas y guías de práctica clínica sometidas a revisión científica. Entre las fuentes que utiliza figura The New England Journal of Medicine. El médico introduce información sobre el paciente y recibe una respuesta que pretende ayudarle a localizar datos relevantes y valorar posibles decisiones con mayor rapidez.
Según Nadler, casi dos tercios del millón aproximado de médicos que ejercen en Estados Unidos ya emplean el asistente. El pasado mes, esos usuarios formularon más de 42 millones de preguntas, una cifra que equivale a unas 65 consultas mensuales por usuario, según explicó el fundador al Financial Times.
La herramienta también ha empezado a integrarse en los sistemas hospitalarios. Mount Sinai y Memorial Sloan Kettering, ambos en Nueva York, permiten consultarla desde sus historias clínicas electrónicas. En NYU Langone, los médicos comenzaron a utilizarla por su cuenta y el hospital decidió incorporarla oficialmente con un acceso controlado.
Nina Singh, médica en formación en la Universidad de California en San Francisco, sostiene que OpenEvidence le facilita reunir información sobre sus pacientes y encontrar datos con rapidez. El crecimiento de la plataforma se ha apoyado sobre todo en las recomendaciones entre profesionales. La compañía apenas realizó campañas de promoción, según la información disponible.
Una valoración respaldada por publicidad y expectativas
Los médicos no pagan por utilizar OpenEvidence. El modelo de negocio se basa en la publicidad, que financia el acceso al asistente. Una fuente cercana a la empresa asegura que a finales de 2025 ya había cerrado acuerdos publicitarios por unos 100 millones de dólares para este año y prevé ingresos de entre 400 y 500 millones al cierre de 2026.
La compañía captó en septiembre otros 250 millones de dólares con una valoración de 15.000 millones. Andreessen Horowitz, Blackstone y Sequoia se encuentran entre los inversores que han aportado casi 1.000 millones de dólares durante el último año y medio. La valoración equivale a entre 30 y 37 veces los ingresos publicitarios previstos para 2026, un múltiplo que sus críticos consideran difícil de justificar únicamente con el negocio publicitario.
Nadler contempla una fuente de ingresos adicional y potencialmente más amplia: aplicar la inteligencia artificial al análisis de la literatura científica para detectar oportunidades en el desarrollo de fármacos. En su opinión, esa actividad podría generar más ingresos que los procedentes de hospitales y anunciantes.
La fiabilidad clínica sigue sin estar resuelta
El principal interrogante no es la adopción, sino hasta qué punto las respuestas de OpenEvidence son fiables cuando intervienen en decisiones médicas. Los estudios disponibles han ofrecido resultados diferentes. La Clínica Mayo, que también invierte en la compañía, observó recomendaciones correctas en los cinco casos clínicos analizados, aunque la herramienta apenas modificó el tratamiento final.
Un estudio publicado en Nature en junio llegó a una conclusión menos favorable. En pruebas estandarizadas diseñadas para comparar modelos de inteligencia artificial, OpenEvidence obtuvo peores resultados que Gemini, de Google, y los modelos GPT de OpenAI. Eric Oermann, neurocirujano de NYU Langone, considera que aún faltan estudios comparativos y pautas claras para utilizar estas herramientas en la práctica clínica.
También existe preocupación por la posibilidad de que los médicos más jóvenes recurran al asistente antes de consolidar los conocimientos básicos. Nadler, por su parte, resta importancia a las pruebas y las presenta como una comparación entre productos. Mientras tanto, OpenAI y Anthropic han lanzado herramientas orientadas al sector sanitario. Anthropic colabora además con OpenEvidence para extender el asistente a 100 países de renta baja y media.
La empresa se retiró de la Unión Europea y del Reino Unido a principios de este año por la Ley europea de Inteligencia Artificial. En Estados Unidos prepara, junto con investigadores, estudios clínicos sobre cáncer y enfermedades raras. Esos trabajos podrían aportar datos más útiles para valorar su desempeño real que las pruebas estandarizadas, pero todavía están pendientes de resultados.










