Estados Unidos ha advertido a varios países árabes del Golfo de que prepara una nueva ofensiva contra Irán después de las elecciones legislativas del 3 de noviembre, según The Wall Street Journal, que cita a personas familiarizadas con los planes. La operación sería breve e intensa, aunque Donald Trump todavía no habría tomado una decisión definitiva.
La advertencia llega en un momento de relativa calma militar, pero con señales crecientes de que Washington vuelve a preparar una escalada. El presidente estadounidense había prometido no atacar Irán antes de los comicios de mitad de mandato, en los que se renueva el Congreso. Una vez superada esa fecha, la Administración estaría valorando reanudar las operaciones.
Preparativos militares y dos escenarios sobre la mesa
El Ejército estadounidense está trasladando desde Texas un sistema Patriot, destinado a interceptar misiles, y ha retirado tropas de algunas bases consideradas vulnerables. También se estarían preparando bombarderos y cazas. Para el próximo mes está previsto, además, que otro portaaviones y una unidad de infantería de marina se incorporen a la flota de aproximadamente 20 buques de guerra desplegada en la región.
Las fuentes citadas por el diario aseguran que Trump se inclina por una operación de mayor alcance contra infraestructuras e instalaciones nucleares iraníes. No obstante, el presidente también ha planteado una alternativa más limitada, comparable a la operación Epic Fury, en referencia a los bombardeos ejecutados por Estados Unidos e Israel durante la pasada primavera.
La tercera posibilidad sería evitar el ataque si Irán acepta un acuerdo. Trump dejó abiertas esas opciones en un acto celebrado la semana pasada. El domingo, además, renunció a ejecutar una ofensiva que había planteado dos días antes, una decisión que volvió a mostrar la fragilidad del actual equilibrio.
Una guerra más larga de lo previsto
Una nueva campaña aérea supondría un cambio respecto a la estrategia de presión económica aplicada hasta ahora. Las sanciones y el bloqueo naval llevan meses dificultando las ventas de petróleo iraní, pero no han resuelto el enfrentamiento. Irán soportó más de 20.000 ataques durante la fase más intensa de la guerra y continuó atacando buques y tropas estadounidenses.
Al comienzo del conflicto, el 28 de febrero, Trump estimó que la guerra duraría entre cuatro y cinco semanas. Según la fuente, el enfrentamiento se aproxima ya a las 35 semanas. Seth Jones, analista de defensa del Center for Strategic and International Studies, considera que una nueva ofensiva podría permitir al presidente proclamar la victoria y retirarse, pero ve improbable que cualquier medida consiga frenar de forma duradera el programa nuclear iraní.
Mike Waltz, embajador de Donald Trump ante las Naciones Unidas, afirmó la semana pasada que el conflicto podría prolongarse fácilmente otro año. Esa posibilidad contrasta con la expectativa inicial de una campaña militar corta y eleva la incertidumbre sobre el alcance real de cualquier nueva operación.
El petróleo vuelve a reflejar el riesgo regional
La tensión ya se está trasladando al mercado energético. El Brent, referencia en Europa, sube un 1,20 %, hasta superar los 116 dólares por barril, y se mantiene unos dos dólares por debajo del máximo alcanzado el viernes, el nivel más alto desde el inicio de la guerra.
Teherán ha amenazado con responder a cualquier ataque mediante acciones contra objetivos económicos y civiles del Golfo. Durante la ofensiva anterior, instalaciones energéticas y aeropuertos de la región sufrieron ataques. Un petróleo más caro añade presión a la inflación y alimenta el temor a que los bancos centrales endurezcan su política monetaria, un escenario desfavorable para los inversores.
Los mediadores regionales siguen intentando reactivar las conversaciones, aunque las posiciones de Washington y Teherán permanecen muy alejadas. Catar, uno de los principales intermediarios, sostiene que Irán debe dar el primer paso, dejar de amenazar a los Estados árabes del Golfo y reabrir el estrecho de Ormuz, una vía por la que transita habitualmente una parte importante del petróleo mundial. Para Doha, solo entonces existirían posibilidades reales de que la mediación avance.










