Fitch ha rebajado de estable a negativa la perspectiva de la deuda soberana de Francia, aunque mantiene por ahora la calificación del país en A+. La decisión eleva el riesgo de una futura rebaja de nota y refleja, según la agencia, el deterioro de las finanzas públicas, el débil crecimiento económico y la incertidumbre política.
La advertencia llegó el viernes y fuera del calendario habitual de revisiones de Fitch. La agencia considera que la situación financiera francesa ha empeorado lo suficiente desde agosto como para adelantar su evaluación. Entre los factores que más preocupan figuran el elevado déficit, el aumento del coste de los intereses y la dificultad para contener una deuda pública que lleva años creciendo mientras el Estado gasta más de lo que ingresa.
Más déficit y un ajuste fiscal mayor
Fitch prevé que el déficit público francés alcance este año alrededor del 5,4% del producto interior bruto (PIB). Para frenar el avance de la deuda, la agencia estima ahora que Francia necesitaría aplicar medidas de ajuste equivalentes a aproximadamente el 3,5% del PIB. En agosto, calculaba que sería suficiente con un esfuerzo cercano al 3%.
Ese ajuste podría traducirse en recortes de gasto o en subidas de impuestos de mayor alcance de lo previsto anteriormente. El primer ministro, Sébastien Lecornu, pretende reducir el déficit hasta el 5% el próximo año mediante una combinación de reducción del gasto y aumento de los ingresos fiscales.
El problema es que el Gobierno no cuenta con mayoría parlamentaria. Por ahora, no está claro que el proyecto presupuestario pueda reunir los apoyos necesarios. La proximidad de las elecciones presidenciales y las posiciones enfrentadas de los partidos de la oposición complican todavía más la posibilidad de alcanzar un acuerdo sobre el saneamiento de las cuentas públicas.
La deuda francesa se encarece en el mercado
La presión sobre las finanzas del Estado también se ha trasladado al mercado de bonos. El diferencial entre la rentabilidad de la deuda soberana francesa y la alemana se situó este mes en 1,78 puntos porcentuales, frente a los 0,85 puntos de principios de septiembre.
La deuda alemana se considera uno de los activos soberanos de referencia por su percepción de seguridad dentro de Europa. Por eso, el aumento de la brecha indica que los inversores exigen una compensación mayor para prestar dinero a Francia. La rentabilidad de los bonos franceses alcanzó este mes su nivel más alto en 24 años.
Unos tipos más elevados encarecen tanto la refinanciación de la deuda existente como la emisión de nuevos títulos. El aumento del gasto en intereses reduce, además, el margen disponible para otras partidas presupuestarias y dificulta el objetivo de estabilizar la deuda.
El crecimiento y la política condicionan la respuesta
La economía francesa se contrajo inesperadamente un 0,1% en el tercer trimestre, cuando los economistas esperaban un ligero crecimiento. Para Fitch, el menor dinamismo económico hace más difícil corregir el déficit sin medidas fiscales más intensas.
La tensión financiera coincide con una profunda división política y con protestas multitudinarias relacionadas con el coste de la vida y los servicios públicos. El ministro de Finanzas, Roland Lescure, afirmó el viernes que Francia debe aprobar unos presupuestos responsables antes de que termine el año, en un momento en el que el Ejecutivo necesita apoyos parlamentarios para sacarlos adelante.
Fitch no es la única agencia que vigila la evolución de Francia. Moody’s mantuvo la semana pasada la calificación del país, aunque también contempla un posible deterioro. La agencia prevé revisar de nuevo la nota crediticia francesa, como muy tarde, a finales de febrero de 2027. Hasta entonces, la evolución del déficit y la capacidad del Gobierno para aprobar medidas de ajuste serán determinantes.











