Las grandes inversiones empresariales en inteligencia artificial todavía no se han traducido en una mejora generalizada de los beneficios ni de la productividad en Estados Unidos. Torsten Slok, economista jefe de Apollo Global Management, advierte de que los avances se concentran en las grandes tecnológicas, mientras que la mayoría de las compañías del S&P 500 apenas registra cambios.
La brecha entre las grandes tecnológicas y el resto del mercado
Slok comparó la evolución financiera de las siete mayores tecnológicas estadounidenses, conocidas como los Siete Magníficos, con la de las otras 493 empresas que integran el S&P 500. El análisis refleja una diferencia clara en los ingresos por empleado.
En las grandes compañías tecnológicas, esta cifra pasó de unos 550.000 dólares en 2022 a cerca de 800.000 dólares. En el resto del índice, en cambio, se mantuvo prácticamente estable, alrededor de los 550.000 dólares. Los márgenes de beneficio siguen una tendencia similar: mejoran entre las mayores tecnológicas, pero permanecen estancados en torno al 10% para las demás empresas.
Para el economista, estos datos constituyen una señal de alerta en un momento en el que los mercados se preguntan si la inversión en inteligencia artificial ha generado expectativas excesivas. Slok sostiene que aún no existen indicios claros de que la tecnología esté acelerando el crecimiento de la productividad en el conjunto de la economía estadounidense.
El análisis no implica que ninguna compañía esté obteniendo beneficios gracias a la IA. El matiz es que esos beneficios todavía no se han extendido de forma amplia. En opinión de Slok, el éxito de la tecnología dependerá de que cientos de empresas cotizadas, más allá de los grandes grupos tecnológicos, consigan convertirla en mayores ingresos y márgenes.
El coste de utilizar modelos avanzados también aumenta
La presión no procede únicamente del volumen de las inversiones iniciales. El uso de modelos avanzados de IA también puede elevar los costes operativos de las empresas. Los proveedores suelen cobrar en función de la cantidad de texto o información procesada, medida en unidades conocidas como tokens.
Según datos de la plataforma de pagos Ramp, el 10% de los usuarios con mayor consumo concentra el 95,6% del gasto en OpenAI y Anthropic. El desembolso es especialmente elevado entre las empresas financiadas por fondos de capital riesgo, mientras que las compañías tradicionales muestran una actitud más prudente.
De acuerdo con Slok, algunas empresas han empezado a tratar el gasto en inteligencia artificial como un coste que reduce la rentabilidad, y no como una inversión capaz de impulsar el crecimiento. Accenture limitó este mes a 29 dólares mensuales el gasto de sus empleados en el modelo Claude. Goldman Sachs también ha adoptado una posición cautelosa: su consejero delegado, David Solomon, afirmó la semana pasada que el banco no necesita los modelos más avanzados para la mayoría de sus tareas, pese a haber anunciado una inversión de unos 500 millones de dólares en IA.
Los inversores esperan pruebas de ingresos adicionales
La discusión sobre una posible burbuja se ha intensificado con las advertencias de Elon Musk sobre las empresas que ofrecen capacidad de cálculo para inteligencia artificial. A su juicio, la competencia y las dificultades financieras podrían provocar quiebras y una oleada de adquisiciones.
CoreWeave se encuentra entre las compañías sometidas a mayor escrutinio. Según las informaciones recogidas en la fuente, habría acumulado más de 50.000 millones de dólares de deuda y estaría consumiendo grandes cantidades de efectivo para ampliar su actividad. Otros inversores, sin embargo, mantienen una visión más favorable. Jon Gray, presidente de Blackstone, rechazó la semana pasada las advertencias sobre una burbuja y defendió que la demanda de IA crece a un ritmo casi exponencial.
Los resultados trimestrales de Alphabet, Amazon y Microsoft ofrecerán nuevos datos sobre la capacidad de las grandes tecnológicas para transformar sus inversiones en ingresos. Gartner, por su parte, advirtió a principios de mes de que hasta 2030 podrían reconocerse pérdidas de valor por 3,5 billones de dólares en inversiones en infraestructura de IA.
Para Slok, la clave seguirá estando fuera del reducido grupo de gigantes tecnológicos. Mientras el gasto permanezca concentrado en esas compañías y no se traduzca en mejoras visibles para el resto del tejido empresarial, el impacto de la inteligencia artificial sobre la economía estadounidense continuará siendo limitado.












