El robo de criptoactivos valorados en unos 6.300 millones de dólares en Binance ha vuelto a poner bajo el foco la seguridad de las plataformas de intercambio frente a la banca tradicional. El ataque, ocurrido el 29 de octubre, permitió sustraer alrededor de 2.500 millones de dólares desde un único monedero de Ethereum en apenas cuatro minutos, según investigadores.
El incidente no habría sido consecuencia de un fallo en la cadena de bloques de Ethereum. Los atacantes accedieron a los sistemas empleados por Binance para autorizar transacciones, lo que sitúa el problema en la seguridad interna de la plataforma y no en el funcionamiento de la red blockchain.
La irreversibilidad acelera el rastro del dinero robado
La principal diferencia frente a la banca tradicional está en lo que ocurre después de una operación sospechosa. En determinados casos, un banco puede bloquear o revertir una transferencia. En las redes de criptomonedas, en cambio, una transacción confirmada normalmente no puede deshacerse.
Tomer Sharoni, consejero delegado de la firma de análisis blockchain Addressable, considera que esa característica convierte a los intercambios de criptomonedas en objetivos especialmente atractivos para los delincuentes. Una vez conseguido el acceso, los fondos pueden trasladarse con rapidez a otros monederos y convertirse en distintos activos digitales, dificultando su recuperación y el seguimiento del botín.
Hay excepciones. Los emisores de determinadas monedas estables, entre ellas USDT y USDC, pueden congelar fondos que consideren sospechosos. Esa capacidad, sin embargo, no existe en Bitcoin ni en muchas otras criptomonedas.
El ataque atribuido a Binance refleja precisamente esa velocidad. Los piratas informáticos habrían conseguido mover una cantidad de enorme magnitud en unos pocos minutos, antes de que los sistemas de seguridad pudieran impedir la operación.
Más visibilidad no implica necesariamente más ataques
No todos los especialistas creen que las plataformas de criptomonedas sean menos seguras que los bancos. Abdul Rafay Gadit, cofundador de ZIG Finance, señala que los incidentes en el sector cripto suelen quedar más expuestos porque las operaciones realizadas en cadenas de bloques públicas pueden rastrearse prácticamente en tiempo real.
Cuando los atacantes transfieren cientos de millones de dólares, investigadores y empresas de análisis pueden detectar los movimientos casi de inmediato. En la banca, los pagos se procesan dentro de sistemas cerrados y los incidentes no siempre se comunican con el mismo nivel de detalle. Para Gadit, por tanto, la mayor atención pública que reciben los robos de criptoactivos no demuestra por sí sola que los bancos sufran menos ataques.
El sector financiero tradicional también soporta riesgos relevantes. Un estudio del Fondo Monetario Internacional señala que las empresas financieras declararon pérdidas directas de casi 12.000 millones de dólares por incidentes cibernéticos entre 2004 y 2023. Los bancos fueron las entidades más atacadas, por delante de las aseguradoras y las gestoras de activos.
Las cifras no permiten establecer una comparación concluyente. Las investigaciones utilizan definiciones diferentes, no todos los ataques se hacen públicos y las pérdidas registradas en un sector no se miden necesariamente con los mismos criterios que en el otro.
El papel de los controles internos y las reservas
Los expertos consultados coinciden en que el caso de Binance subraya la importancia de proteger los sistemas que gestionan los activos, incluso cuando la infraestructura blockchain funciona correctamente. Entre las medidas posibles figuran exigir la autorización de varios empleados para retirar grandes cantidades, limitar el acceso a los monederos y fijar topes a las operaciones.
Binance investiga cómo se produjo la intrusión. Las primeras pesquisas apuntan a que el portátil de un empleado pudo haber sido comprometido y utilizado como vía de entrada, aunque la compañía también ha identificado otros posibles puntos de acceso.
La capacidad financiera para responder a un ataque es otro elemento decisivo. El jurista Daniel Tunkel sostiene que los supervisores deberían comprobar si las plataformas cuentan con fondos suficientes para proteger a sus clientes ante incidentes graves.
Binance se ha comprometido a cubrir todas las pérdidas de sus clientes mediante recursos propios y fondos de seguro. La situación sería más compleja para una plataforma de menor tamaño que afrontara un ataque similar sin reservas suficientes para compensar íntegramente a sus usuarios. El debate, por ello, no se limita a si una red es técnicamente segura: también abarca los controles de cada empresa, la transparencia de los incidentes y su capacidad para asumir las consecuencias.










