Bitcoin dispone de una ventana de unos 20 días para comprobar si el alivio previsto en el mercado energético puede tener algún efecto sobre la inflación y las expectativas de tipos de interés en Estados Unidos. El acuerdo alcanzado por el G7 para acelerar la liberación de reservas de combustible, con una cantidad relevante de diésel incluida en ese plazo, someterá a prueba la relación entre los precios de la energía y las condiciones monetarias que influyen en los activos digitales.
El plan del G7 y la incógnita sobre el suministro
Los líderes del G7 acordaron el 2 de octubre adelantar la puesta en circulación de reservas de emergencia de combustible. El grupo señaló que la Agencia Internacional de la Energía (AIE) hará disponibles 100 millones de barriles durante cuatro meses, con el proceso iniciado de inmediato. Sin embargo, el comunicado no precisó qué parte del volumen inicial corresponderá al diésel ni cómo se distribuirán los suministros entre los distintos países.
La cifra exige además cierta cautela. El acuerdo de octubre desarrolla compromisos anunciados por primera vez en marzo, cuando los 32 países miembros de la AIE se comprometieron a liberar 400 millones de barriles de sus reservas de emergencia tras las alteraciones vinculadas al conflicto en Oriente Medio. Por tanto, los 100 millones previstos ahora no pueden contabilizarse automáticamente como una aportación completamente nueva. El volumen adicional real sigue sin estar claro.
El G7 también pretende elevar, en la medida de lo posible, el uso de las refinerías y coordinar sus calendarios de mantenimiento para evitar cierres simultáneos. Esta parte del plan podría resultar más determinante para la disponibilidad de diésel que la liberación de crudo si el principal problema continúa estando en la capacidad de refino.
El precio del diésel será la primera señal
Los precios estadounidenses del diésel ya estaban bajando antes del anuncio del G7. La Administración de Información Energética situó el 28 de septiembre el promedio del diésel para carretera en 6,382 dólares por galón, 14,7 centavos menos que una semana antes. Como ese descenso se produjo antes del acuerdo del 2 de octubre, las próximas lecturas permitirán evaluar mejor si la intervención coordinada genera una caída adicional.
Aun así, el combustible seguía costando 2,628 dólares por galón más que un año antes. Ese diferencial mantiene los costes energéticos en niveles suficientemente elevados como para seguir influyendo en la inflación del transporte y de los bienes.
La primera nueva referencia de precios en Estados Unidos llegará el 6 de octubre. Además, la AIE debe presentar en un plazo de 20 días un informe sobre la aplicación del plan y su impacto en el mercado. Ese análisis deberá determinar también si son necesarias nuevas medidas o si habrá que reponer las reservas más adelante.
La conexión con Bitcoin pasa por los tipos
Para Bitcoin, el dato relevante no es tanto el número de barriles liberados como la posibilidad de que una reducción sostenida del coste de la energía modere las presiones inflacionistas. Si el abaratamiento del combustible acaba trasladándose a las expectativas de inflación y a los rendimientos de la deuda pública, podría cambiar la lectura que el mercado hace de la política monetaria.
La criptomoneda sigue siendo sensible a la evolución de los rendimientos del Tesoro estadounidense, del dólar y de las condiciones generales de liquidez. La Reserva Federal elevó el 16 de septiembre su rango objetivo en 25 puntos básicos, hasta el 3,75%-4%, y volvió a citar la persistencia de una inflación elevada.
Una bajada duradera de los costes energéticos podría reducir una de las fuentes de presión sobre los precios, pero el plan del G7, por sí solo, ofrece pocos motivos para anticipar un giro de la política monetaria. El mercado tendrá que superar dos pruebas distintas en las próximas semanas: comprobar si el diésel llega físicamente según lo previsto y determinar si el alivio es suficientemente intenso para modificar las expectativas sobre los tipos, que se endurecieron tras la subida de septiembre.
Si esa transmisión no se produce, un diésel más barato quedaría circunscrito al mercado energético, sin convertirse en un catalizador significativo para la liquidez de los criptoactivos.











