China prepara un nuevo paquete de medidas para frenar la pérdida de impulso de su economía y evitar que el crecimiento se aleje del objetivo fijado para este año. El Consejo de Estado, máximo órgano de gobierno del país, ha anunciado que presentará apoyos adicionales, aunque todavía no ha detallado su alcance ni la cantidad de recursos que movilizará.
El giro supone un cambio respecto a los últimos meses, en los que Pekín había centrado su estrategia en aplicar las medidas ya aprobadas. Ahora, las autoridades reconocen que las dificultades del mercado inmobiliario, la debilidad del consumo y la menor inversión requieren una intervención más amplia, aunque previsiblemente selectiva.
La demanda interna concentra la preocupación
La economía china creció un 4,3% en el segundo trimestre. Para el tercero se espera una nueva moderación, mientras el Gobierno aspira a una expansión cercana al 4,5% en el conjunto de 2026. La evolución de la actividad doméstica será determinante para alcanzar esa meta.
El crecimiento del consumo cayó el mes pasado hasta situarse prácticamente en cero. Al mismo tiempo, las empresas redujeron sus inversiones y la crisis inmobiliaria, prolongada durante los últimos años, continúa lastrando la economía. El Ejecutivo busca por ello estimular la demanda interna, acelerar la inversión y reforzar los ingresos y el empleo de los hogares.
El anuncio no incluye todavía un calendario completo ni especifica el volumen de fondos que se pondrá a disposición de estas iniciativas. Las próximas semanas permitirán conocer hasta dónde está dispuesto a llegar Pekín.
La vivienda vuelve a estar en el centro de los planes
El mercado inmobiliario ocupa un lugar destacado en la nueva hoja de ruta. Las autoridades estudian medidas para estabilizar el sector y hacer más atractiva la compra de vivienda. Entre las opciones planteadas figura una posible subvención de los intereses hipotecarios, que reduciría el coste asumido por los compradores.
En cambio, parecen menos probables actuaciones de mayor alcance, como fuertes recortes de los tipos hipotecarios o grandes programas de renovación urbana. El enfoque apunta a intervenciones concretas, dirigidas a algunos de los principales puntos de debilidad, en lugar de un estímulo generalizado.
La expectativa tuvo una recepción positiva entre los inversores. Un índice de Bloomberg que reúne a promotoras inmobiliarias chinas subió más de un 4% y se encaminaba a cerrar su mejor sesión en más de un mes.
Pekín opta por medidas selectivas
El Gobierno también prevé dar más margen a los gobiernos locales para utilizar capacidad de emisión de bonos que no se empleó en años anteriores. Además, habrá más financiación barata para sectores como la tecnología, la agricultura y las pequeñas empresas.
Entre las actuaciones previstas se encuentran acelerar la emisión de bonos, aprobar con mayor rapidez proyectos de inversión y emplear préstamos a bajo coste para impulsar tanto el gasto de capital como el consumo. El objetivo es apoyar la actividad sin recurrir, al menos de inmediato, a un gran programa único de estímulos.
La cautela responde en parte al elevado endeudamiento acumulado por los gobiernos locales. También a que las subvenciones al consumo aplicadas anteriormente están perdiendo eficacia. Pekín trata así de reactivar la demanda interna sin generar otra gran carga de deuda, una restricción que condicionará el diseño y la magnitud de las próximas medidas.











