Las instituciones japonesas vendieron deuda extranjera por un importe neto de 2,6 billones de yenes durante dos semanas de septiembre, mientras la rentabilidad de los bonos del Estado japonés a diez años aumentaba en la subasta del 6 de octubre. La combinación apunta a un posible cambio en la asignación de carteras que, si se mantiene, podría endurecer las condiciones de financiación global y afectar a los activos de riesgo como Bitcoin.
Más rentabilidad y demanda firme en la deuda japonesa
El Ministerio de Finanzas de Japón situó la rentabilidad media de la subasta de bonos a diez años en el 3,101%, frente al 2,995% registrado en la operación del 1 de septiembre. El incremento fue de 10,6 puntos básicos.
El aumento del rendimiento no vino acompañado de un deterioro de la demanda. La ratio de cobertura competitiva —el volumen solicitado dividido entre el importe finalmente adjudicado— pasó de aproximadamente 3,29 veces a 3,76 veces. Además, la diferencia entre la rentabilidad media y la correspondiente al precio más bajo aceptado se redujo de 1,6 a 0,2 puntos básicos.
Una cobertura más elevada y una menor diferencia entre precios sugieren que los compradores aceptaron participar con mayor firmeza incluso a los niveles de rentabilidad más altos. En otras palabras, la subasta refleja una demanda sólida por la deuda japonesa, aunque con un coste de financiación superior para el emisor.
Ventas de deuda extranjera por 2,6 billones de yenes
El dato de la subasta llega después de dos semanas de ventas netas de deuda extranjera por parte de instituciones japonesas. Según el informe de flujos publicado por el Ministerio de Finanzas el 1 de octubre, las ventas de deuda a largo plazo alcanzaron los 1,9049 billones de yenes entre el 13 y el 19 de septiembre, y otros 684.500 millones de yenes entre el 20 y el 26 de septiembre.
Ambos registros suman 2,5894 billones de yenes, una cifra que equivale aproximadamente a 2,6 billones. La serie estadística incluye a determinadas instituciones residentes en Japón que deben informar de sus operaciones y clasifica los valores extranjeros según el país de residencia del emisor.
El dato, sin embargo, no permite saber qué activos concretos se vendieron. No identifica si las operaciones correspondieron a bonos del Tesoro estadounidense, ni indica si los fondos se convirtieron a yenes, se reinvirtieron en bonos soberanos japoneses o se destinaron a Bitcoin. Esa limitación es relevante para interpretar el posible impacto sobre los mercados.
La conexión con Bitcoin sigue siendo una hipótesis
Si las instituciones japonesas mantuvieran una preferencia por los bonos domésticos frente a la deuda extranjera, la menor demanda internacional podría elevar los costes de financiación en otros mercados y reducir el capital disponible para asumir riesgo. Ese sería el principal canal a través del cual el movimiento podría presionar a Bitcoin.
Un documento de trabajo del Banco de Pagos Internacionales identifica las condiciones globales de financiación y los motivos especulativos como factores importantes para los flujos transfronterizos de Bitcoin y Ether. El análisis, basado en datos desde 2017 hasta mediados de 2024, respalda la relevancia de las condiciones de liquidez y financiación para los movimientos de ambos criptoactivos.
El informe también distingue entre la asignación de carteras institucionales y las operaciones apalancadas de carry trade con yenes, en las que las posiciones se financian mediante deuda denominada en la moneda japonesa. La rentabilidad de un bono a diez años no mide por sí sola el coste de esa financiación a corto plazo.
Los investigadores del Banco de Pagos Internacionales señalaron en un análisis de agosto de 2024 que el desapalancamiento y el aumento de los requisitos de margen amplificaron la turbulencia de aquel mes. Ese episodio muestra cómo el estrés financiero puede propagarse entre mercados, pero no demuestra que exista ahora un desmantelamiento de operaciones de carry trade.
La señal que habrá que vigilar es la continuidad del patrón: nuevas ventas de deuda extranjera acompañadas de un deterioro observable de las condiciones de financiación reforzarían la hipótesis de presión sobre Bitcoin. En cambio, una reanudación de las compras y unos mercados de financiación estables debilitarían esa interpretación.










