Las actas de la Reserva Federal de Estados Unidos muestran que una mayoría de sus responsables considera «probablemente adecuada» otra subida de los tipos de interés antes de que termine el año. Sin embargo, la rentabilidad de la deuda estadounidense cayó después de que el Tesoro colocara bonos a diez años con una demanda sólida, lo que alivió la presión sobre los mercados financieros.
La Fed ve margen para endurecer más la política monetaria
La Fed elevó el 16 de septiembre los tipos en 0,25 puntos porcentuales, hasta situarlos en un intervalo del 3,75 % al 4 %. Los doce miembros con derecho a voto respaldaron la decisión, pero las actas recién publicadas añaden que también apoyaron el movimiento los presidentes de los bancos regionales sin derecho a voto.
El documento refleja además que la mayoría de los responsables de política monetaria espera otra subida antes de que acabe el año. Varios consideran incluso que el nivel actual de los tipos apenas está frenando la economía o no la está restringiendo. Esta visión ya aparecía en el último gráfico de previsiones de la institución: doce de los dieciocho responsables contemplaban un alza adicional, cuatro apuntaban a dos y solo dos no preveían más incrementos.
Las actas recogen una valoración algo más favorable sobre el mercado laboral antes de la reunión. No obstante, ese diagnóstico ha perdido fuerza tras el informe de empleo de la semana pasada, que volvió a decepcionar. En materia de inflación, los responsables se mostraron más pesimistas y juzgaron insuficientes los avances recientes.
Algunos miembros temen que la inflación, después de permanecer durante más de cinco años por encima del objetivo del 2 %, termine asentándose en los precios y los salarios. Desde la reunión se han conocido datos algo mejores. El índice de precios del gasto en consumo personal (PCE), la referencia inflacionaria preferida por la Fed, aumentó un 3,4 % en agosto. Si se excluyen los alimentos y la energía, la tasa fue del 3 %.
Estas cifras deben interpretarse teniendo en cuenta un cambio metodológico aplicado por la Oficina de Análisis Económico (BEA) a finales de septiembre. La modificación afecta, entre otros elementos, a la medición de los programas informáticos y los costes de gestión de inversiones. Según los técnicos de la Fed, el cambio reduce la inflación estimada en aproximadamente 0,2 puntos porcentuales.
La demanda de bonos enfría las rentabilidades
La publicación de las actas apenas alteró las expectativas inmediatas de los mercados. La probabilidad de que la Fed mantenga los tipos sin cambios en su reunión del 27 y 28 de octubre continúa en el 84 %. Wall Street, Bitcoin (BTC) y el oro registraron movimientos limitados.
La principal novedad de la jornada llegó con la subasta de deuda del Tesoro. El Gobierno estadounidense captó unos 39.000 millones de dólares mediante una emisión de bonos a diez años que despertó una fuerte demanda. El resultado alejó la rentabilidad del bono a diez años de su máximo de los últimos 24 años.
Durante la sesión, ese rendimiento había alcanzado el 5,35 %, mientras que el bono a treinta años llegó al 5,72 %, su nivel más alto desde 2002. Tras la subasta, ambas referencias moderaron la presión. El buen resultado indica que sigue existiendo una demanda amplia por la deuda estadounidense incluso con los tipos en niveles elevados.
El mercado sigue pendiente de inflación y deuda pública
Desde finales de julio, la rentabilidad del bono a diez años había aumentado más de 0,6 puntos porcentuales. En ese periodo se intensificó el conflicto en Oriente Próximo y el petróleo se encareció alrededor de un 20 %. La subida de los rendimientos había alimentado la preocupación de los inversores, que exigían una mayor remuneración para financiar al Gobierno estadounidense ante el riesgo de una inflación persistente y el elevado nivel de deuda pública.
Unos tipos altos suelen endurecer las condiciones financieras y pueden presionar a la baja a las acciones, Bitcoin y el oro, porque hacen más atractivos los bonos del Tesoro como activos considerados seguros. Las actas, sin embargo, señalan que varios responsables de la Fed creen que las condiciones financieras todavía favorecen el crecimiento. La combinación de esa percepción y la demanda mostrada en la subasta mantiene abierto el debate sobre cuánto más puede subir el precio del dinero sin frenar con mayor intensidad la actividad económica.











