Comprar directamente Bitcoin u otra criptomoneda habría ofrecido mejores resultados que adquirir acciones de compañías con grandes tesorerías digitales en la mayoría de los casos analizados por DWF Ventures. El estudio compara el comportamiento de las veinte mayores empresas de este tipo y concluye que solo cuatro cotizan por encima del valor de los activos que mantienen en cartera.
Solo cuatro compañías superan el valor de sus criptoactivos
DWF examinó la relación entre la capitalización bursátil de cada empresa y el valor de las criptomonedas que posee. Esta métrica, conocida como mNAV, permite aproximarse a la prima o descuento con el que el mercado valora una acción frente a sus activos digitales subyacentes.
Un mNAV de 1 indica que ambos valores son aproximadamente equivalentes. Por debajo de ese nivel, la compañía cotiza con descuento; por encima, el mercado está asignando a la acción una valoración superior a la de las criptomonedas que figuran en su balance.
De las veinte empresas analizadas, solo cuatro presentaban un mNAV superior a 1. Bit Digital encabezaba la clasificación, con 1,49, seguida de Strive, con 1,21; Hyperliquid Strategies, con 1,17; y BitMine, con 1,02.
Strategy, el mayor tenedor corporativo de Bitcoin, se situaba en 0,97 según el cálculo de DWF. La firma introduce, no obstante, una salvedad relevante: esta comparación no incorpora la deuda ni las acciones preferentes de las compañías. Por tanto, el mNAV no refleja por sí solo todas las obligaciones financieras que pueden afectar al valor para los accionistas.
La ventaja histórica de las acciones se ha reducido
Durante una etapa anterior, las empresas que acumulaban criptoactivos podían cotizar con una prima significativa. Para algunos inversores institucionales, comprar sus acciones era una vía relativamente sencilla para obtener exposición a Bitcoin y a otros tokens.
Ese argumento ha perdido fuerza con la expansión de los ETF, los fondos regulados y las soluciones profesionales de custodia. Estos instrumentos han facilitado el acceso directo a los activos digitales, reduciendo la llamada prima de acceso que antes podían justificar las compañías con tesorerías cripto.
La cuestión que plantea DWF es sencilla: si un inversor puede comprar prácticamente el mismo activo de forma directa, resulta más difícil justificar que pague una valoración adicional por una empresa que lo mantiene en su balance. La acción incorpora elementos que no están presentes en la compra del token, como la estructura financiera, la gestión corporativa y la percepción del mercado.
Las acciones pueden superar a la moneda, pero con otro riesgo
La comparación no implica que las acciones de tesorería siempre rindan peor en el corto plazo. Desde julio, algunas de ellas avanzaron entre un 15% y un 40% más que la criptomoneda que mantenían en cartera. Hyperliquid Strategies, por ejemplo, superó a HYPE en un 31%, mientras que Cypherpunk Technologies batió a Zcash en un 38%.
Según DWF, el número de tokens por acción apenas cambió en esos casos. La rentabilidad adicional procedió principalmente de una mayor valoración concedida a la propia acción. La firma interpreta ese movimiento como una dinámica impulsada por el sentimiento del mercado, con una duración que a menudo se limita a unos meses.
El caso de Strategy introduce además una capa de riesgo distinta. La empresa no solo tiene Bitcoin, sino también deuda y acciones preferentes con obligaciones de dividendo fijas. DWF advierte de que esos compromisos ganan importancia cuando el mercado cae y, en un escenario extremo, podrían ejercer presión sobre las reservas de Bitcoin.
La diferencia entre ambas vías de exposición, por tanto, no se limita al precio del activo digital. Comprar el token supone exponerse principalmente a su evolución. Comprar la acción implica asumir también riesgos de financiación, gobierno corporativo y valoración bursátil.












