Jurrien Timmer, responsable de análisis macroeconómico en Fidelity, ha señalado que su indicador del ciclo de inversión ha entrado en una fase que precedió a las caídas bursátiles de 2018 y 2022. El mercado habría pasado ya de la “medianoche” en el llamado reloj de inversión, mientras el endurecimiento de las condiciones financieras empieza a restar fuerza al avance impulsado por los beneficios empresariales.
“Parece que el reloj de inversión ha pasado de la medianoche, con un ligero endurecimiento de las condiciones financieras que empieza a moderar el impulso de los precios basado en los resultados”, escribió Timmer en X el 14 de octubre de 2026. El analista acompañó el comentario con un gráfico en el que identificaba 2022 y 2018 como los dos ciclos anteriores en los que se produjo una situación comparable.
El equilibrio entre beneficios y valoraciones
El indicador utilizado por Fidelity pone en relación la evolución de los beneficios empresariales con las condiciones financieras. Estas últimas son ahora solo ligeramente más restrictivas de lo habitual, según la referencia citada por Timmer, pero el cambio puede tener efectos relevantes sobre las valoraciones.
Cuando aumenta el coste de la financiación, los inversores tienden a revisar cuánto están dispuestos a pagar por los beneficios futuros de las compañías. En ese escenario, incluso unos resultados sólidos pueden no ser suficientes para mantener los múltiplos de precio sobre beneficios si los tipos y las rentabilidades de la deuda permanecen elevados.
La rentabilidad del bono estadounidense a diez años subió a comienzos de octubre hasta aproximadamente el 5,34%, su nivel más alto desde 2002. Además, la Reserva Federal volvió a elevar los tipos en septiembre, de acuerdo con la información recogida en el análisis. Ambos factores presionan sobre el coste del dinero y complican la continuidad de unas valoraciones exigentes.
El precedente de 2022 y la diferencia actual
El episodio de 2022 ilustra cómo puede materializarse esa tensión. Aunque las previsiones de beneficios empresariales aumentaron alrededor de un 6,2% durante ese año, la valoración que los inversores estaban dispuestos a pagar por esos beneficios se redujo aproximadamente un 30%. El S&P 500 terminó perdiendo más de un 25%.
En 2018 se produjo una dinámica parecida. Desde el máximo alcanzado en septiembre hasta las fechas cercanas a Navidad, el índice cayó casi un 20%. Estos antecedentes explican la advertencia de Timmer, aunque no implican que el mercado vaya a repetir necesariamente la magnitud de aquellas bajadas.
La situación actual presenta una diferencia relevante: los analistas prevén un crecimiento de los beneficios de las empresas del S&P 500 de aproximadamente el 30,6% en el tercer trimestre. Ese aumento ofrecería un colchón mayor que el disponible en 2022. La cuestión, según el análisis, es si ese ritmo será suficiente para compensar la posible contracción de las valoraciones.
Resultados y política monetaria, las próximas pruebas
La temporada de resultados será la primera prueba para esa hipótesis. Las compañías tendrán que demostrar que pueden acercarse al crecimiento de beneficios previsto, cercano al 30%, sin que aparezcan tropiezos relevantes.
La segunda referencia será la próxima reunión de la Reserva Federal, prevista para el 28 de octubre. Si los tipos continúan altos y las valoraciones siguen ajustándose, el mercado necesitará una expansión de los beneficios prácticamente sin interrupciones para sostener los precios. Esa combinación de beneficios todavía fuertes y condiciones financieras menos favorables es la razón por la que Timmer considera que el reloj de inversión ya ha pasado de la medianoche.











