La expansión de la inteligencia artificial está abriendo una batalla estratégica entre los grandes grupos industriales europeos. Schneider Electric y Siemens están reforzando su presencia en el software industrial, mientras ABB ha elegido concentrarse en los equipos físicos necesarios para electrificar y automatizar fábricas y centros de datos.
Las tres compañías ya se benefician del crecimiento de la infraestructura que sostiene la IA. Sus negocios abarcan desde el suministro eléctrico y la refrigeración hasta la automatización de procesos. La diferencia está en dónde creen que se generará más valor en los próximos años: en los programas que gestionan las operaciones y los datos o en las máquinas y sistemas que hacen posible ese funcionamiento.
Schneider y Siemens buscan controlar también la capa de software
Schneider Electric anunció recientemente la compra de la estadounidense PTC por casi 24.000 millones de dólares. La operación une las capacidades del grupo francés en equipos de suministro eléctrico, refrigeración y maquinaria industrial con las herramientas de PTC para el diseño, la producción y el mantenimiento.
La lógica de esta estrategia es que las fábricas del futuro no dependerán únicamente de máquinas más eficientes. También necesitarán software capaz de coordinar procesos, interpretar datos y anticipar problemas. En ese modelo, el valor no está solo en vender el equipo, sino en participar en la gestión digital de toda la operación.
Siemens lleva más tiempo siguiendo esa dirección. El grupo alemán compró el año pasado Altair Engineering por unos 10.000 millones de dólares y acumula décadas de inversión en software industrial. Su apuesta consiste en combinar sus activos físicos con programas orientados a la ingeniería, la producción y el mantenimiento.
ABB se concentra en la infraestructura física
ABB ha optado deliberadamente por un camino distinto. El grupo suizo comprará la británica Rotork por 5.500 millones de dólares, una operación que refuerza su posición en equipos para la electrificación y la automatización.
Peter Voser, máximo responsable de ABB, ha defendido que la compañía no quiere adquirir empresas de software o inteligencia artificial que queden fuera de su ámbito de especialización. La tesis del grupo es que una posición sólida en el mercado de equipos puede ser, como mínimo, igual de rentable que una expansión hacia el software.
Por ahora, el mercado considera que ABB está tomando las decisiones más acertadas, según la referencia citada por el Financial Times. Esa percepción no elimina la incertidumbre: la rentabilidad futura dependerá de cómo evolucione la demanda de infraestructura y de la capacidad de cada empresa para convertir su especialización en crecimiento sostenido.
Los centros de datos ya son una fuente relevante de ingresos
La importancia de los centros de datos ya se refleja en las cuentas de los tres grupos. En Schneider Electric, este mercado generó el año pasado unos 10.000 millones de euros, aproximadamente una cuarta parte de la facturación de la compañía.
ABB obtiene de este segmento alrededor de 3.000 millones de dólares y asegura que suministra tecnología a cerca de uno de cada cuatro centros de datos. Siemens, por su parte, facturó más de 3.000 millones de euros en este negocio durante los nueve primeros meses de su ejercicio fiscal, cerca de un 50% más que un año antes.
La siguiente batalla puede trasladarse a la inteligencia artificial aplicada a la industria. Schneider, Siemens y ABB disponen de grandes volúmenes de datos procedentes de fábricas, instalaciones energéticas y líneas de producción. Su explotación podría ayudar a optimizar procesos, detectar fallos antes y reducir costes.
La cuestión para los inversores ya no es únicamente si Europa puede beneficiarse del desarrollo de la IA. El debate se centra en qué modelo acabará creando más valor: el software y los datos que permiten operar de forma más inteligente o la infraestructura física que hace posible todo ese ecosistema.










