La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha retrasado hasta 2027 la recuperación completa del suministro de petróleo del Golfo, una previsión que mantiene abierta la presión sobre la inflación y complica una eventual rebaja de los costes de financiación para los inversores en Bitcoin. El organismo también ha reducido de nuevo su estimación de producción mundial para 2026.
La oferta petrolera mundial será menor de lo previsto
En su informe del 11 de septiembre, la AIE calcula que el suministro global de crudo alcanzará una media de 100,7 millones de barriles diarios este año. En agosto, su previsión era de 102 millones de barriles al día, lo que supone una revisión a la baja de 1,3 millones.
La demanda tampoco apunta a una aceleración. La agencia espera que el consumo mundial de petróleo se reduzca en 2,5 millones de barriles diarios en 2026 frente a 2025. Esa contracción es aproximadamente 940.000 barriles diarios mayor que la prevista en su informe anterior.
En principio, un menor consumo debería aliviar la presión sobre una oferta limitada. Sin embargo, los inventarios observados a escala mundial cayeron en 95 millones de barriles durante agosto. El dato sugiere que la debilidad de la demanda todavía no ha eliminado la tensión en el mercado físico.
La recuperación del Golfo avanza de forma desigual
La AIE aprecia cierta mejora en los flujos comerciales. El aumento de los volúmenes que evitan el estrecho de Ormuz y los envíos escoltados militarmente a través de esta ruta permitieron reducir las pérdidas de exportaciones de crudo.
La normalización, no obstante, está lejos de ser completa. Las exportaciones de productos refinados y de gas licuado de petróleo desde el Golfo se mantuvieron en agosto cerca de un 60% por debajo de los niveles de febrero. La agencia prevé que la recuperación total del suministro de la región no se produzca hasta 2027, aunque se trata de una previsión y no de una fecha garantizada.
Para los inversores que piden dólares prestados para mantener Bitcoin, la conexión con el petróleo pasa por la inflación y por las expectativas sobre los tipos de interés. Si la presión energética se mantiene y dificulta la desinflación, el alivio en los costes de financiación podría tardar más. Los informes citados no miden, en cualquier caso, cambios concretos en el coste de los préstamos utilizados para comprar Bitcoin.
La inflación será la prueba para la Reserva Federal
La encuesta preliminar de septiembre de la Universidad de Michigan añadió una señal de cautela. Las expectativas de inflación a un año subieron al 4,6%, frente al 4% de agosto, mientras que las expectativas a largo plazo avanzaron del 3,3% al 3,4%. Al tratarse de una primera lectura, el dato no basta para confirmar un cambio duradero en las previsiones de los consumidores.
El gobernador de la Reserva Federal Christopher Waller ofreció el 3 de septiembre un contrapunto. Según explicó entonces, el encarecimiento de la energía todavía no se había extendido de forma significativa a los precios de una amplia variedad de bienes y servicios. Aun así, identificó la posibilidad de nuevas presiones energéticas y un repunte de las expectativas a largo plazo como riesgos.
Waller señaló que podría respaldar mantener los tipos si la desinflación continuaba, pero también contemplaría una subida si la inflación de agosto revirtiera los avances anteriores. Esas eran sus posiciones condicionadas antes de conocerse el último informe de la AIE.
Con la reunión de la Reserva Federal prevista para el 15 y el 16 de septiembre, la cuestión será si la menor demanda y la recuperación parcial de los flujos petroleros se traducen en menos presión inflacionista. Una recuperación sostenida de la oferta y unos efectos limitados sobre el resto de precios reforzarían ese escenario. Mientras tanto, la caída de la demanda de crudo, por sí sola, no garantiza un abaratamiento de la financiación para quienes mantienen exposición a Bitcoin mediante deuda.










