La rentabilidad del bono francés a diez años ha superado este miércoles el 5%, un nivel que no alcanzaba desde 2002. El movimiento refleja el aumento de la prima que los inversores exigen para prestar dinero al Estado francés, en un momento marcado por la incertidumbre sobre los presupuestos, la división política y el encarecimiento de la energía.
El diferencial con Alemania alcanza máximos de quince años
El repunte de los intereses encarece tanto las nuevas emisiones de deuda como la refinanciación de los títulos que ya están en circulación. La señal preocupa especialmente por el tamaño de la economía francesa y por el peso de sus cuentas públicas dentro de la eurozona.
La distancia entre el bono francés y el alemán también se ha ampliado con fuerza. Según Bloomberg, el diferencial ha rozado este miércoles los 160 puntos básicos, equivalentes a 1,6 puntos porcentuales. Es su nivel más elevado en quince años.
La deuda alemana suele utilizarse como referencia de seguridad dentro del mercado europeo. Por eso, el aumento de la prima exigida a Francia apunta a una pérdida de confianza específica en su situación financiera, más allá de la evolución general de los tipos de interés.
Los presupuestos, en el centro de la incertidumbre
La inquietud se ha intensificado desde finales de septiembre. Los inversores dudan de que el Gobierno francés consiga reunir los apoyos necesarios para aprobar unos presupuestos capaces de afrontar el crecimiento de la deuda pública. El Parlamento está profundamente dividido y las próximas votaciones serán una prueba decisiva para el Ejecutivo.
Pooja Kumra, estratega de tipos de interés de Toronto Dominion Bank, considera probable que los bonos franceses continúen bajo presión mientras persista la incertidumbre sobre la votación presupuestaria. Incluso en el caso de que las cuentas salgan adelante, sostiene que la fragmentación política y las deficiencias en la gestión de las finanzas públicas seguirán siendo un motivo de preocupación para los inversores.
Christian Sewing, consejero delegado de Deutsche Bank, también ha advertido este miércoles de la inestabilidad financiera y política del país. En su opinión, las turbulencias podrían prolongarse hasta las elecciones presidenciales del próximo año.
Energía, protestas y presión sobre el euro
El deterioro del mercado de deuda coincide con un nuevo repunte de los costes energéticos. Los precios del gas natural en Europa han subido alrededor de un 4% este miércoles y el petróleo Brent ha superado los 110 dólares por barril. La subida añade presión sobre los hogares y las empresas francesas, que ya afrontan un elevado coste de la vida.
El malestar social se ha trasladado a las calles. Las protestas del pasado fin de semana contra el encarecimiento de los precios terminaron en enfrentamientos violentos, lo que complica aún más las decisiones del Gobierno sobre las cuentas públicas.
La tensión también se ha reflejado en el mercado de divisas. El euro ha llegado a caer un 0,2% frente al dólar estadounidense, hasta los 1,1214 dólares. La evolución de Francia tiene relevancia para el conjunto de la Unión Europea por el tamaño de su economía y su papel central en la eurozona.
Un coste de financiación más alto implica que una parte creciente del presupuesto puede destinarse al pago de intereses, dejando menos margen para otras partidas. Ven Ram, estratega de Bloomberg, advierte además de que la subida de las rentabilidades en otras grandes economías, impulsada por los déficits y la persistencia de la inflación, podría agravar la presión. A su juicio, los bonos franceses son especialmente vulnerables a ese entorno.







