La inteligencia artificial no está dejando sin trabajo a los estafadores. Está reduciendo el coste de sus operaciones y permitiendo que una sola persona mantenga más identidades falsas, conversaciones y tentativas de fraude al mismo tiempo. En el ámbito de las criptomonedas, donde el dinero puede transferirse en cuestión de segundos, esa combinación resulta especialmente peligrosa.
Giles Thomson, presidente del Grupo de Acción Financiera (GAFI), resumió el cambio este mes en declaraciones al Financial Times: una o dos personas con un servidor potente podrían hacer ahora tareas que antes exigían una estructura mucho mayor. La automatización no elimina necesariamente a los delincuentes. Hace que cada nuevo intento de engaño sea más barato.
Más identidades falsas con menos trabajo humano
Las estafas basadas en la confianza siempre han requerido una cantidad considerable de trabajo manual. Los fraudes románticos exigen mantener conversaciones durante semanas; las falsas inversiones necesitan responder preguntas y sostener una identidad creíble; y las suplantaciones obligan a mantener el engaño hasta que la víctima autoriza un pago.
La IA puede asumir parte de esa carga. Un operador puede supervisar más conversaciones, en más idiomas y durante más tiempo, además de generar documentos, imágenes, voces e identidades que refuercen la ficción. No necesita que el software sienta empatía, sino que la imite con suficiente eficacia para que la otra persona siga hablando.
Los datos de Chainalysis apuntan al incentivo económico. Las operaciones de estafa con vínculos observados con proveedores de IA registraron unos ingresos medios en la cadena de 3,2 millones de dólares, frente a los 719.000 dólares de aquellas sin esos vínculos. La diferencia es de aproximadamente 4,5 veces. La firma advierte, no obstante, de que la relación no demuestra que contratar una herramienta de IA multiplique automáticamente los ingresos: las organizaciones más grandes también pueden ser las más proclives a utilizar soluciones sofisticadas, y los datos de cadena de bloques no permiten identificar todos los usos de estas tecnologías.
El impacto ya aparece en las pérdidas registradas. El resumen del informe de 2025 del Centro de Denuncias de Delitos por Internet del FBI recoge 22.364 denuncias con información relacionada con la IA y pérdidas ajustadas de aproximadamente 893,3 millones de dólares. Los casos incluyen identidades románticas falsas, suplantaciones empresariales y otros engaños construidos alrededor de una relación aparentemente real.
La automatización convive con las grandes granjas de estafas
Un informe de uso indebido publicado por Anthropic en agosto de 2025 describió una campaña de extorsión contra al menos 17 organizaciones en la que un actor utilizó Claude Code. Según la compañía, el modelo ayudó en parte del trabajo técnico, analizó información y colaboró en la preparación de exigencias de extorsión que en algunos casos superaban los 500.000 dólares. Anthropic bloqueó posteriormente las cuentas y compartió información con las autoridades.
El caso ilustra cómo una única persona puede coordinar tareas que antes habrían requerido perfiles distintos. Para la víctima, la operación sigue pareciendo grande: recibe un correo convincente, trata con una identidad verosímil o interactúa con un supuesto servicio profesional. La dimensión real de la organización queda oculta.
Eso no significa que las estructuras tradicionales hayan desaparecido. Una investigación de Amnistía Internacional publicada en 2025 documentó al menos 53 centros de estafa en Camboya y entrevistó a 58 supervivientes de ocho nacionalidades. Encontró indicios de trata, trabajo forzoso, confinamiento y violencia. El análisis de septiembre de la Red de Control de Delitos Financieros de Estados Unidos también describe grandes organizaciones criminales transnacionales que operan junto a servicios habilitados por IA y otras infraestructuras especializadas.
La defensa tendrá que centrarse en el dinero
La empresa O2 desarrolló a Daisy, una supuesta abuela creada con IA para mantener ocupados a los estafadores telefónicos. Según el relato de la compañía, respondió a más de 1.000 llamadas y acumuló cientos de horas de conversación; algunas duraron alrededor de 40 minutos. La estrategia busca consumir el tiempo del delincuente, un recurso que durante mucho tiempo fue limitado.
Pero esa defensa pierde eficacia si ambos lados de la conversación están automatizados. A medida que la atención humana se abarata, la protección deberá acercarse al punto en el que los criminales todavía necesitan recursos reales: cuentas capaces de recibir fondos, bancos, plataformas de pago, redes de intermediarios y víctimas dispuestas a autorizar transferencias.
La evaluación mundial del fraude de Interpol para 2026 recoge más de 1.500 casos transnacionales y pérdidas declaradas de 1.100 millones de dólares, además de destacar los esfuerzos internacionales para detener pagos después de detectar un fraude. El reto inmediato no es cuántas personas emplea una organización criminal, sino cuánto cuesta lanzar el siguiente engaño. La IA está reduciendo precisamente ese coste.










