La economía estadounidense afronta una combinación cada vez más incómoda: el petróleo ha vuelto a superar los 100 dólares por barril, los precios de producción aceleran y los mercados han pasado de anticipar recortes de tipos a descontar nuevas subidas de la Reserva Federal. Al mismo tiempo, la rentabilidad de la deuda pública a largo plazo alcanza niveles no vistos en casi dos décadas, pese a los esfuerzos del Departamento del Tesoro para sostener el mercado de bonos.
El petróleo cambia las expectativas sobre los tipos
A comienzos de 2026, los inversores contemplaban al menos tres recortes de tipos por parte de la Fed, equivalentes a 0,75 puntos porcentuales. Ahora el escenario es el contrario: el mercado valora dos subidas, por un total de 0,50 puntos. El desplazamiento frente a las expectativas iniciales alcanza 1,25 puntos porcentuales.
La guerra entre Estados Unidos e Irán ha sido uno de los factores determinantes en este giro. El crudo estadounidense se ha encarecido alrededor de un 50% desde principios de julio y vuelve a cotizar por encima de los 100 dólares por barril. El diésel también ha subido con fuerza, lo que eleva los costes de transporte y logística para empresas y consumidores.
El impacto no se limita al precio de llenar el depósito. Las compañías pueden trasladar el incremento de sus costes a los clientes, extendiendo la presión inflacionista por distintas áreas de la economía. Los datos de precios de producción ya reflejan ese deterioro: en agosto aumentaron un 5,4% interanual, frente al 4,7% registrado en julio.
Para la Reserva Federal, el repunte energético complica el objetivo de seguir reduciendo la inflación. La posibilidad de bajar los tipos, que dominaba las previsiones a principios de año, ha perdido peso mientras los inversores empiezan a considerar seriamente nuevas alzas.
El Tesoro interviene, pero los bonos no se tranquilizan
La tensión también se ha trasladado al mercado de deuda. Los rendimientos de los bonos estadounidenses a largo plazo han aumentado con fuerza, encareciendo la financiación del Gobierno. En respuesta, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha intentado reforzar la liquidez mediante operaciones de recompra.
El Departamento del Tesoro adquiere bonos antiguos y menos líquidos para facilitar su negociación. En el caso de una recompra de deuda a largo plazo, el volumen máximo se elevó hasta 6.000 millones de dólares, tres veces más que antes. Sin embargo, los rendimientos continuaron subiendo, una señal de que la medida no ha convencido por sí sola a los inversores.
Las recompras pueden mejorar el funcionamiento del mercado, pero no eliminan sus problemas estructurales. Estados Unidos mantiene grandes déficits presupuestarios y necesita emitir cantidades elevadas de nueva deuda. A la vez, la inflación persistente limita el margen de la Fed para recortar los tipos. El resultado es una tensión difícil de resolver: el Gobierno necesita financiarse más barato, mientras los compradores de bonos reclaman una rentabilidad mayor.
Trump plantea un pago de 5.000 dólares
En este contexto, Donald Trump ha propuesto entregar 5.000 dólares a los estadounidenses si los republicanos ganan las elecciones de mitad de mandato. El plan aún no cuenta con detalles suficientes y necesitaría la aprobación del Congreso. Si alcanzara a una parte amplia de los adultos del país, su coste podría rondar los 1,2 billones de dólares.
La propuesta llega cuando la deuda pública estadounidense supera los 40 billones de dólares y los tipos elevan el coste de emitir nueva deuda. Además, un desembolso de esa magnitud inyectaría más dinero en la economía y podría estimular la demanda justo cuando las presiones sobre los precios vuelven a intensificarse.
El escenario mantiene divididos a los mercados. El oro y Bitcoin (BTC) pueden beneficiarse de la búsqueda de activos percibidos como refugio frente a la pérdida de poder adquisitivo. Las acciones también podrían encontrar apoyo si los beneficios empresariales crecen por encima de la inflación. Pero unos tipos más altos aumentan el atractivo de los bonos del Tesoro y presionan tanto a la bolsa como a Bitcoin. Por ahora, el mercado de deuda sigue siendo el principal indicador de la confianza de los inversores: sus rentabilidades muestran que la inflación y el endeudamiento de Estados Unidos todavía no se consideran bajo control.











