El presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, ha trasladado a Estados Unidos la responsabilidad de decidir si quiere poner fin a la guerra que enfrenta a ambos países desde hace meses. Su mensaje llega mientras Washington y Teherán han retomado los contactos indirectos y China trata de utilizar su relación con Irán para facilitar un posible acuerdo.
La presión diplomática aumenta, pero el conflicto sigue activo. Los hutíes han reanudado sus ataques contra Arabia Saudí y el tráfico marítimo por el Estrecho de Ormuz continúa muy por debajo de los niveles habituales. A comienzos de esta semana, solo dos buques de carga registrados atravesaron el paso en una jornada, frente a unos 125 grandes buques comerciales diarios antes del inicio de la guerra.
Teherán vincula la navegación por Ormuz a la presión militar
La posición de Pezeshkian encaja con un movimiento diplomático más amplio. Estados Unidos e Irán retomaron esta semana conversaciones indirectas durante la Asamblea General de Naciones Unidas, después de meses marcados principalmente por la presión militar y económica entre ambos países.
El conflicto comenzó a finales de febrero con ataques estadounidenses e israelíes contra Irán y derivó posteriormente en una confrontación regional más amplia. En este contexto, el Estrecho de Ormuz se ha convertido en uno de los elementos centrales de cualquier eventual negociación.
Irán ha señalado que podría permitir una reapertura más amplia de la navegación si Estados Unidos reduce su presión militar y el bloqueo. La evolución del tráfico por ese corredor será, por tanto, uno de los indicadores para valorar si los contactos diplomáticos producen avances concretos o se quedan en declaraciones.
China busca ganar peso en las negociaciones
Pekín también está adquiriendo un papel más visible en los esfuerzos para alcanzar un acuerdo. Xi Jinping se encuentra esta semana en Estados Unidos en visita de Estado, entre el 23 y el 25 de septiembre, y abordó con Donald Trump cuestiones como el comercio, la inteligencia artificial y la situación en Oriente Medio.
Washington espera que China utilice su influencia sobre Teherán para acercar posiciones. El país asiático es un socio comercial clave de Irán y dispone de una capacidad de influencia económica que otros gobiernos no tienen. Esa relación convierte a Pekín en un interlocutor relevante, aunque la fuente no apunta a la existencia de un acuerdo cerrado ni de una hoja de ruta definitiva.
El petróleo refleja un optimismo todavía limitado
Para los mercados financieros, el petróleo continúa siendo el principal canal de transmisión de la crisis. Pese a los nuevos ataques, el precio del crudo cae este viernes, un movimiento que sugiere que los inversores conceden algo más de probabilidad a una salida diplomática.
Las perturbaciones en torno a Ormuz han encarecido el petróleo, han alimentado la inflación y han impulsado al alza las rentabilidades de la deuda. Una reducción sostenida de la tensión podría revertir parcialmente esas presiones, aunque todavía no hay señales suficientes para dar por consolidado ese escenario.
La violencia, de hecho, no ha terminado. Los hutíes continúan atacando Arabia Saudí, la región permanece bajo tensión militar y los intentos anteriores de desescalada y negociación acabaron encallando. La diplomacia recupera protagonismo, pero aún no existe un acuerdo de paz a la vista.
La atención de los inversores se centrará ahora en dos variables: si las conversaciones logran traducirse en un aumento real del tráfico marítimo por el Estrecho de Ormuz y si el precio del petróleo inicia una caída sostenida. De confirmarse, ambos movimientos podrían aliviar la presión sobre la inflación y los tipos de interés que ha condicionado a los mercados durante los últimos meses.











