Raoul Pal, cofundador de Real Vision, considera que Bitcoin (BTC) tiene más potencial de crecimiento a largo plazo que el oro. Su argumento central es que la criptomoneda todavía se encuentra en una fase temprana de adopción, mientras que el metal precioso lleva miles de años desempeñando el papel de activo refugio.
Pal analiza la evolución de ambos activos desde la perspectiva de la pérdida de valor del dinero. En su opinión, las divisas fiduciarias pierden poder adquisitivo de forma gradual a medida que los bancos centrales y los gobiernos amplían la masa monetaria. El inversor calcula que esa depreciación alcanza, de media, alrededor del 8% anual en todo el mundo.
Ese proceso puede dejar atrás a los ahorradores incluso cuando sus ingresos aumentan. Si un salario crece un 3% anual, pero el poder adquisitivo del dinero cae un 8%, la mejora nominal no compensa la pérdida real, según el razonamiento de Pal. El mismo fenómeno, añade, contribuye a que la vivienda, las acciones y otros activos escasos resulten cada vez menos asequibles.
Bitcoin parte de una curva de adopción más temprana
El oro ha cumplido históricamente una función de protección frente a la depreciación monetaria. Pal sostiene, sin embargo, que su comportamiento consiste principalmente en acompañar ese proceso y conservar el poder adquisitivo, sin generar un crecimiento suficientemente amplio como para superarlo con holgura.
Bitcoin comparte con el oro una característica esencial: la escasez. Su oferta está limitada a 21 millones de monedas. La diferencia, según el cofundador de Real Vision, es que se trata de un activo digital, negociado a escala global y todavía en una etapa inicial de expansión. Por eso lo presenta como una especie de “oro digital”, aunque con un margen de adopción mayor.
Desde esta perspectiva, el recorrido potencial de Bitcoin no dependería únicamente de su oferta limitada, sino también de la posibilidad de que continúe ampliándose su uso y su aceptación. El oro, en cambio, cuenta con una trayectoria mucho más prolongada y con un papel ya consolidado dentro de los mercados.
La volatilidad marca la diferencia entre ambos activos
La preferencia de Pal por Bitcoin no elimina las diferencias de riesgo. La criptomoneda es mucho más volátil que el oro y puede registrar descensos de decenas de puntos porcentuales en periodos breves. El metal precioso suele mostrar una evolución más estable y ha demostrado su utilidad como protección durante episodios de crisis a lo largo de un horizonte temporal mucho más extenso.
En términos generales, el oro representa una alternativa más defensiva, mientras que Bitcoin incorpora una exposición más agresiva. Quien utiliza la criptomoneda como cobertura frente a la pérdida de valor del dinero no solo apuesta por la escasez y la adopción futura, sino que también asume oscilaciones de precio considerablemente mayores.
Criptomonedas y tecnología frente a la depreciación monetaria
Pal sostiene que solo dos grandes grupos de activos han conseguido superar de forma estructural la pérdida de valor del dinero: las criptomonedas y las acciones tecnológicas. Para respaldar esa visión, señala los rendimientos a largo plazo del Nasdaq y el crecimiento histórico, mucho más elevado, del mercado de criptoactivos.
Su tesis no plantea que Bitcoin sea automáticamente superior al oro para cualquier perfil. La comparación se basa en el potencial de crecimiento que todavía conserva la criptomoneda frente a un activo cuya función como refugio está ampliamente asentada. La contrapartida de ese potencial es una volatilidad mucho mayor y un historial de comportamiento como protección más limitado.












