Solana combina una arquitectura basada en Proof of History (PoH) con la actualización Alpenglow y un modelo de emisión de SOL sin una oferta máxima fijada. La red cuenta con 636 millones de SOL y el 74,1% de esa cantidad está en staking, según la información de referencia.
Proof of History y Alpenglow, dos elementos de la red
Proof of History es uno de los conceptos centrales para entender el funcionamiento de Solana. La tecnología aparece vinculada a la forma en que la red organiza su actividad y constituye una de las principales características de su diseño.
La ficha también sitúa a Alpenglow entre los elementos relevantes del protocolo. Su inclusión refleja la evolución técnica de Solana y la importancia de las actualizaciones de la red para su funcionamiento. La información disponible no detalla en este caso el alcance concreto de Alpenglow, pero lo presenta junto a Proof of History como una de las claves de la infraestructura.
El 74,1% de los SOL está en staking
El staking ocupa un lugar destacado en el modelo de Solana. El 74,1% de los SOL está depositado bajo este mecanismo, una proporción que muestra el peso que tiene dentro de la red.
La cifra debe leerse junto al dato de suministro: Solana alcanza los 636 millones de SOL, pero no tiene una oferta máxima establecida. Por tanto, ese volumen no representa un límite definitivo para la cantidad de tokens que puede existir. La ausencia de una oferta máxima es una diferencia relevante frente a los activos digitales cuyo diseño incorpora un tope explícito.
La gobernanza de Solana
La gobernanza es otro de los aspectos que forman parte de la estructura de Solana. Junto con el funcionamiento técnico de la red, el staking y la política de emisión, determina cómo se articula el ecosistema y cómo se abordan sus decisiones.
En conjunto, Solana se define por la combinación de tres factores: una infraestructura que incorpora Proof of History y Alpenglow, una elevada participación de sus tokens en staking y un modelo monetario sin oferta máxima. Estos elementos permiten entender la red más allá de su token, SOL, y explican por qué su análisis requiere atender tanto a la tecnología como a la economía del protocolo y a su gobernanza.












