La Reserva Federal afronta su reunión del 15 y 16 de septiembre con una presión creciente para subir los tipos de interés. La probabilidad que asignan los mercados a un incremento supera ya el 85%, frente al entorno del 70% del día anterior, después de que los nuevos datos de inflación mostraran una persistencia mayor de la esperada.
La decisión colocará al presidente de la Fed, Kevin Warsh, ante un dilema político y de credibilidad. Sus propias advertencias apuntaban a que el banco central debía actuar si la inflación no avanzaba con claridad hacia el objetivo del 2%. Al mismo tiempo, Donald Trump reclama tipos más bajos y ha intensificado sus críticas a la política monetaria.
La inflación vuelve a inclinar la balanza
La inflación subyacente en Estados Unidos aumentó un 0,3% en agosto respecto a julio, por encima del 0,2% que esperaban los economistas. Este indicador excluye los alimentos y la energía, cuyos precios suelen ser más volátiles, y ofrece una referencia relevante sobre la evolución de las presiones de fondo.
El dato ha llevado a los inversores a dar prácticamente por descontada una subida de tipos la próxima semana. También ha crecido la expectativa de que la Fed pueda elevarlos de nuevo antes de que termine el año. Economistas de TD Bank y JPMorgan Chase consideran que el banco central optará por subirlos tras conocer las últimas cifras.
“La cuestión ahora no es si subirán los tipos, sino cuánto tendrán que subirlos para controlar esta inflación”, afirmó Diane Swonk, economista jefe de KPMG, en una valoración recogida por la fuente.
Warsh había fijado el criterio durante un discurso pronunciado en Jackson Hole el 28 de agosto. Entonces sostuvo que la inflación subyacente todavía no se estaba enfriando lo suficiente y que la Fed debía intervenir si los datos no confirmaban un avance claro hacia el 2%. Las cifras de agosto reducen el margen para mantener los tipos sin cambios y esperar una moderación espontánea.
Más apoyo dentro de la Fed, más presión desde la Casa Blanca
El debate interno del banco central también se ha desplazado hacia una política más restrictiva. La Fed mantuvo los tipos sin cambios en sus cinco reuniones anteriores de este año, pero en julio tres responsables de política monetaria defendieron una subida de 0,25 puntos porcentuales. Otros dos miembros sin derecho a voto señalaron que habrían respaldado la misma decisión.
Varios analistas de Evercore ISI consideran ahora muy probable un incremento la próxima semana. Para Warsh, aplicarlo supondría además respaldar con hechos sus advertencias previas sobre la persistencia de la inflación.
El problema es que la medida chocaría con la posición de Trump. El presidente estadounidense, que nombró a Warsh al frente de la Fed, lleva tiempo reclamando una reducción de los tipos. La semana pasada llegó a amenazar con suspender el comercio con determinados países si el banco central no los bajaba.
La Casa Blanca ya contempla una posible respuesta. Kevin Hassett, director del Consejo Económico Nacional, afirmó el viernes que, si la Fed da “un paso importante”, sospecha que Trump tendrá algo que decir al respecto.
Petróleo, expectativas y un mercado laboral resistente
El encarecimiento de la energía añade otra dificultad. El Brent alcanzó el jueves casi 109 dólares por barril debido al conflicto persistente en torno a Irán, un movimiento que podría alimentar la inflación durante los próximos meses.
Las expectativas de los consumidores también se han deteriorado. La encuesta más reciente de la Universidad de Michigan sitúa en el 4,6% la inflación que esperan para dentro de un año, frente al 4% de un mes antes. Además, por primera vez desde 2023, una mayoría de los encuestados prevé que los tipos suban en los próximos doce meses.
El mercado laboral ofrece pocos argumentos para acelerar una rebaja de tipos: el desempleo sigue bajo y se considera estable, mientras varios economistas describen el ritmo de la economía como sólido. La Fed recortó los tipos a finales de 2025 en un total de 0,75 puntos porcentuales ante el temor a un debilitamiento del empleo. Con la actividad aún resistente y la inflación persistente, crecen las voces que plantean revertir parte de esos recortes, aunque algunos analistas creen que una sola subida podría no bastar.












