Ucrania ha atacado con drones la refinería de Yaroslavl, una de las principales instalaciones petroleras de Rusia, situada a menos de 300 kilómetros de Moscú. El impacto provocó un incendio en la planta, que tiene capacidad para procesar alrededor de 300.000 barriles de crudo al día, mientras Rusia volvía a golpear infraestructuras energéticas ucranianas.
El episodio se produce después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmara el lunes que Moscú y Kiev habían acordado dejar de atacar sus respectivos sistemas de suministro energético. Sin embargo, tanto Rusia como Ucrania han dejado claro posteriormente que ese pacto todavía no existe. Los ataques cruzados continúan y alejan, por ahora, la posibilidad de una tregua energética.
Ucrania mantiene la presión sobre el petróleo ruso
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, confirmó que su país estaba detrás del ataque contra la refinería de Yaroslavl. Según el gobernador de la región, el incendio declarado tras la incursión de los drones ya ha sido extinguido.
Se trata de la segunda refinería rusa alcanzada desde las declaraciones de Trump sobre un supuesto acuerdo energético. La campaña ucraniana también ha incluido ataques contra oleoductos y terminales de exportación. El objetivo es reducir la capacidad de la industria petrolera rusa y presionar sobre una de las principales fuentes de ingresos de Moscú.
Las medidas rusas ya han tenido efectos sobre el comercio de combustibles. Rusia ha limitado temporalmente sus exportaciones de diésel y estudia prolongar esa restricción durante octubre. Si se mantiene, la decisión podría reducir la oferta de diésel ruso disponible en el mercado mundial.
Rusia responde con nuevos ataques a la red energética ucraniana
Durante la noche, Rusia lanzó nuevos ataques contra Ucrania. La fuerza aérea ucraniana informó del lanzamiento de varios misiles y 157 drones, dirigidos principalmente contra Kiev, Zaporiyia y Odesa. Según esa misma fuente, las defensas ucranianas neutralizaron 131 objetivos.
Las infraestructuras energéticas volvieron a estar entre los objetivos afectados. Rusia aseguró haber atacado, entre otras instalaciones, un parque de baterías situado cerca de Kiev y una central eléctrica próxima a la ciudad portuaria de Izmaíl.
Los ataques también causaron daños y heridos entre la población civil. El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, informó de al menos 18 personas heridas y de interrupciones del suministro de agua en algunas zonas de la capital. En Odesa, seis personas resultaron heridas y se registraron daños en edificios e infraestructuras.
Sin acuerdo para detener los ataques energéticos
Rusia y Ucrania sostienen que están dispuestas a una tregua sobre las instalaciones energéticas, pero todavía no han cerrado ningún acuerdo. Mientras las conversaciones no se traduzcan en un compromiso efectivo, ambas partes siguen utilizando refinerías, redes eléctricas y otras infraestructuras de suministro como objetivos de presión.
El ataque contra Yaroslavl subraya además la vulnerabilidad de la cadena petrolera rusa incluso en instalaciones alejadas del frente. La capacidad de la refinería y las restricciones aplicadas por Moscú al diésel sitúan el episodio dentro de una disputa que afecta tanto al abastecimiento energético de cada país como a la oferta de combustibles en los mercados internacionales.










