La economía de Estados Unidos presenta, a juicio del estratega macroeconómico Henrik Zeberg, una combinación que recuerda al periodo previo al crac bursátil de 1929: una Bolsa impulsada por un grupo reducido de compañías, especialmente vinculadas a la inteligencia artificial, mientras aumentan las señales de debilidad entre los hogares y en el mercado laboral.
Zeberg considera que los paralelismos con 1929 son más relevantes que los que observa con la burbuja puntocom de 2000 o con la crisis financiera de 2008. Su advertencia no implica que espere una repetición exacta de aquellos episodios, pero sí apunta a un riesgo creciente de recesión y de una corrección bursátil severa si el deterioro económico continúa.
Una Bolsa al alza frente a una economía más frágil
El elemento central del análisis de Zeberg es la creciente distancia entre los mercados financieros y la economía real. Mientras los inversores siguen destinando miles de millones de dólares a empresas relacionadas con la inteligencia artificial y elevan sus valoraciones, una parte importante de los hogares estadounidenses afronta una situación financiera más complicada.
Según el estratega, la tasa de ahorro de los hogares ronda el 3% y el crecimiento de los salarios reales continúa siendo limitado. La confianza de los consumidores se mantiene cerca de los niveles más bajos de los últimos años y aproximadamente dos tercios de los hogares viven al día, de acuerdo con los datos que cita en su análisis.
Zeberg también señala debilidad en otros segmentos de la economía. Las ventas de viviendas de segunda mano se sitúan cerca de sus niveles más bajos en décadas, mientras el mercado laboral muestra signos de enfriamiento. En su opinión, la creación de empleo es ahora más débil que en los periodos anteriores a las recesiones de 2001 y 2008.
El peso de las grandes compañías tecnológicas
La concentración de las subidas bursátiles constituye otra de las claves de su comparación histórica. Según Zeberg, el comportamiento de los índices depende cada vez más de un grupo relativamente reducido de empresas, en un contexto en el que el dinero continúa fluyendo hacia las compañías asociadas a la inteligencia artificial.
Ese avance de las valoraciones se produce pese a las señales de deterioro que afectan a buena parte de la población. Los hogares con mayor patrimonio concentran una proporción creciente del gasto de los consumidores y contribuyen a sostener algunos indicadores económicos, mientras otros segmentos afrontan mayores dificultades financieras.
Para Zeberg, la combinación de una burbuja tecnológica de gran tamaño y una debilidad económica menos visible se parece especialmente al escenario previo al desplome de 1929. La analogía se basa en la divergencia entre una Bolsa todavía fuerte y unas condiciones económicas que, según su lectura, se están deteriorando por debajo de la superficie.
Un riesgo creciente, no una repetición exacta
El estratega no descarta que las acciones puedan continuar subiendo a corto plazo. Su advertencia se refiere al desequilibrio que podría acumularse si el mercado mantiene su avance mientras empeoran el empleo, el consumo y las condiciones financieras de los hogares.
A esta situación añade un crecimiento menor del empleo a tiempo completo y tensiones crecientes en el mercado de crédito privado. En conjunto, Zeberg sostiene que esos factores elevan el riesgo de una recesión y de una corrección bursátil de gran magnitud, aunque no plantea que la historia vaya a repetirse de forma idéntica.











