La subida de las rentabilidades de la deuda estadounidense ha devuelto la presión a los mercados tras los nuevos máximos registrados por el S&P 500 y el Nasdaq a comienzos de semana. Los futuros de Wall Street cotizan a la baja, mientras el oro y Bitcoin también acusan el repunte de los tipos de interés y la fortaleza del dólar.
El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años ha superado el 5,3%, con una referencia del 5,31%, según los datos citados por la fuente. En el tramo largo de la curva, la rentabilidad del bono a 30 años ronda el 5,69%. Estos niveles elevan el coste de financiación y modifican el atractivo relativo de los activos de riesgo.
La deuda y el dólar endurecen las condiciones financieras
El movimiento de los bonos tiene una segunda derivada en el mercado de divisas. El índice del dólar estadounidense, conocido como DXY, ha rebasado los 102 puntos. Una divisa estadounidense más fuerte tiende a aumentar el atractivo de los activos denominados en dólares, pero también encarece la devolución de buena parte de la deuda mundial, emitida en esa moneda.
El resultado es una menor disponibilidad de liquidez para los mercados financieros. En este entorno, el oro y Bitcoin quedan expuestos a una mayor presión, al igual que las compañías especialmente sensibles al coste del dinero. La subida de las rentabilidades reduce además el atractivo relativo de activos que no generan flujos de caja, mientras que las valoraciones bursátiles deben ajustarse a un escenario de tipos elevados.
El mercado de crédito ofrece otra señal de que el deterioro no afecta por igual a todas las empresas. Los diferenciales de las compañías con calificaciones AAA y BBB permanecen relativamente contenidos. En cambio, el coste de financiación de las empresas con rating CCC aumenta con fuerza: los inversores les exigen una rentabilidad mucho mayor para asumir el riesgo.
La divergencia apunta a una selección más estricta por parte del mercado. Las empresas con flujos de caja sólidos y beneficios crecientes pueden soportar mejor los tipos altos. Las compañías más frágiles, en cambio, afrontan más dificultades para refinanciarse en condiciones aceptables.
La temporada de resultados pondrá a prueba a las grandes tecnológicas
La presión llega cuando está a punto de comenzar una temporada de resultados relevante. ASML, TSMC, Tesla, Microsoft, Alphabet, Amazon, Meta, AMD, Palantir y Nvidia presentarán sus cuentas durante las próximas semanas.
Las dos últimas semanas de octubre concentrarán buena parte de la atención del mercado. Los inversores podrán comprobar entonces si las compañías que más han subido en bolsa mantienen el ritmo de crecimiento de sus beneficios con los tipos de interés por encima del 5%.
La amplitud de la corrección también refleja la tensión existente bajo los principales índices. Alrededor del 80% de las acciones acumula una caída de al menos el 10% desde sus máximos, mientras que el 40% ha perdido más del 20%, según los datos recogidos en la fuente. La fortaleza de los grandes índices, por tanto, convive con un comportamiento mucho más débil en una parte amplia del mercado.
Sin crisis sistémica, pero con más presión sobre los bancos centrales
Por ahora, el escenario descrito no equivale a una crisis sistémica. El riesgo aparecería si unos tipos elevados durante un periodo prolongado terminaran provocando una recesión o problemas graves en el mercado de crédito.
En esa hipótesis, aumentaría la presión sobre los bancos centrales para considerar recortes de tipos, medidas de apoyo a la liquidez u otras intervenciones. La fuente también mantiene una visión favorable a largo plazo sobre las empresas respaldadas por un fuerte crecimiento de los beneficios, elevados flujos de caja e inversiones estructurales en inteligencia artificial, aunque considera probable que los sectores más débiles sean los primeros en sufrir el impacto de unas condiciones financieras restrictivas.










