Wall Street llega a la sesión del lunes 19 de octubre bajo una presión creciente. La fuerte venta de acciones tecnológicas, las dudas sobre la rentabilidad de las inversiones en inteligencia artificial y el repunte del petróleo han elevado la cautela entre los inversores. La fecha añade un componente simbólico: coincide con el aniversario del desplome de 1987, aunque las pérdidas actuales están todavía muy lejos de las registradas entonces.
Las tecnológicas lideran las ventas
Los principales índices estadounidenses cerraron el viernes con descensos contundentes. El Nasdaq Composite cayó un 2,19 %, frente al retroceso del 1,22 % del S&P 500 y del 0,55 % del Dow Jones. El castigo se concentró especialmente en los valores tecnológicos: el Nasdaq acumuló una pérdida superior al 4 % durante la semana, mientras que el S&P 500 firmó su peor balance semanal desde enero.
La volatilidad también refleja el aumento del nerviosismo. El índice VIX subió casi un 25 % el viernes, hasta los 20,57 puntos, su nivel más elevado desde finales de julio. El indicador mide la volatilidad que el mercado espera para Wall Street y suele repuntar cuando los inversores buscan protección ante movimientos bruscos.
La coincidencia con el calendario de 1987 ha alimentado las especulaciones. El 19 de octubre de aquel año, conocido como lunes negro, el Dow Jones perdió un 22,6 % en una sola sesión, la mayor caída porcentual diaria de la historia del índice. Sin embargo, el retroceso actual es considerablemente menor y las circunstancias de ambos episodios no son idénticas. La fecha, por sí sola, no anticipa una repetición del desplome.
Dudas sobre el coste de la inteligencia artificial
El principal foco de preocupación está en las enormes cantidades que las compañías tecnológicas están destinando a centros de datos, chips y otras infraestructuras vinculadas a la inteligencia artificial. El mercado empieza a cuestionar si esas inversiones generarán beneficios suficientes y con qué rapidez lo harán.
La presión es mayor sobre las empresas que financian su expansión mediante deuda. CoreWeave, proveedor estadounidense de capacidad de computación para IA respaldado por Nvidia, perdió alrededor de un 12 % en bolsa el viernes y cerca de una cuarta parte de su valor en cinco sesiones. Sus bonos también sufrieron ventas, hasta situar la rentabilidad de algunos de ellos por encima del 15 %. Ese nivel refleja que los inversores perciben un riesgo mayor y exigen una compensación más elevada para prestar dinero a la compañía.
El deterioro no se limitó a una empresa. Broadcom cayó alrededor de un 3,6 %, mientras que el índice de semiconductores de Filadelfia encadenó su octava sesión consecutiva a la baja, la racha más larga del sector desde 2008. El temor es que las dificultades de las compañías más endeudadas terminen afectando también a bancos y otros prestamistas.
Petróleo, inflación y deuda elevan la tensión
El encarecimiento de la energía añade otra fuente de incertidumbre. El Brent subió el viernes hasta unos 109 dólares por barril, impulsado en parte por las tensiones en Oriente Próximo y el temor a interrupciones del suministro. Un petróleo más caro puede incrementar los costes de transporte y producción, trasladarse a los consumidores y reavivar la inflación.
Ese escenario reduciría el margen de la Reserva Federal para bajar los tipos de interés. Los últimos datos de precios de producción de Estados Unidos, superiores a lo previsto, ya habían reforzado esa preocupación. Las empresas tecnológicas son especialmente sensibles a unos tipos elevados porque buena parte de sus valoraciones depende de beneficios futuros. Además, el coste financiero de sus proyectos de inteligencia artificial aumenta cuando la financiación se encarece.
El mercado también vigila el volumen de crédito utilizado para comprar acciones. Esta deuda alcanzó unos 1,5 billones de dólares en Estados Unidos a comienzos de año y todavía rondaba los 1,4 billones en agosto, un 27 % más que un año antes. Si las cotizaciones siguen cayendo, algunos inversores pueden verse obligados a aportar más garantías o a vender posiciones, lo que agravaría la presión vendedora.
Estos factores no demuestran que el lunes vaya a producirse otro desplome. La atención estará puesta en la evolución de las grandes tecnológicas, el precio del petróleo y cualquier señal de contagio hacia los mercados de crédito.












