Apple se ha convertido en el principal refugio de los inversores que quieren mantener exposición a la tecnología sin asumir de lleno el riesgo asociado al gasto masivo en inteligencia artificial. Las acciones de la compañía suben un 27% en lo que va de año, frente al 13% del S&P 500, y son las que más han contribuido al avance del índice.
Apple avanza mientras los gigantes tecnológicos elevan el gasto en IA
El comportamiento de Apple contrasta con el del resto de los grandes valores tecnológicos estadounidenses. Microsoft, Amazon, Alphabet y Meta están destinando cientos de miles de millones de dólares a centros de datos e infraestructuras para inteligencia artificial. Apple, en cambio, mantiene una exposición mucho más limitada a esa carrera.
La compañía no está completamente al margen de la IA. Entre otras vías, incorpora tecnología desarrollada por socios como Google. Sin embargo, sus planes de inversión para este año fiscal rondan los 14.000 millones de dólares, una cantidad muy inferior a la que destinan conjuntamente sus cuatro competidores.
La diferencia se refleja en las cuentas. El esfuerzo inversor de las grandes compañías vinculadas a la IA está reduciendo su flujo de caja libre —el efectivo que queda después de las inversiones— y, en algunos casos, lo ha llevado a terreno negativo. Los inversores empiezan a cuestionar si esos desembolsos generarán una rentabilidad suficiente y cuánto tardarán en hacerlo.
Apple, mientras tanto, continúa generando efectivo. Esa característica explica, según Jordan McCall, gestor sénior de carteras de Russell Investments, que el valor funcione como una cobertura frente a posibles caídas del mercado relacionadas con la IA. A su juicio, la acción ofrece una protección líquida para quienes recelan de esta temática, pero no quieren abandonar por completo la tecnología.
La divergencia con los fabricantes de chips se intensifica
La relación entre Apple y los fabricantes de semiconductores muestra hasta qué punto ambas partes del mercado se han movido en direcciones opuestas. Jonathan Krinsky, responsable de análisis técnico de BTIG, calcula que la correlación entre Apple y el índice de semiconductores SOX fue del -90% en un periodo de diez días.
En una ventana de cuarenta días, la relación inversa es la más intensa desde el inicio de la serie, en 1994. La correlación mide si dos activos tienden a moverse en el mismo sentido o en sentidos contrarios, en una escala que va del 100% al -100%.
La semana pasada ofreció un ejemplo claro. La preocupación por la deuda de la empresa de servicios en la nube CoreWeave provocó una caída superior al 11% del SOX, en su peor semana desde abril de 2025. Apple, por el contrario, subió un 2%, impulsada por la fuerte demanda del iPhone Duo plegable.
El avance anual también supone un giro respecto al ejercicio anterior. Apple subió un 8% el año pasado, el peor resultado entre los grandes valores tecnológicos. Este año, sus acciones han encadenado máximos históricos y ninguna de las otras compañías de los llamados Siete Magníficos supera su rentabilidad.
Una protección que los inversores pagan a un precio elevado
El atractivo defensivo de Apple tiene un coste. La acción cotiza a 36 veces el beneficio previsto para los próximos doce meses, su valoración más alta desde enero de 2008 y aproximadamente el doble que la de Nvidia. Dicho de otro modo, cada dólar invertido ofrece unos 2,8 centavos de beneficio anual.
Además, el crecimiento esperado se modera. Bloomberg Intelligence prevé que los ingresos aumenten alrededor de un 15% en el ejercicio fiscal actual, antes de desacelerarse al 9,7% en 2027 y al 5,5% un año después.
Krinsky considera que esta dinámica puede cambiar si los fabricantes de chips recuperan fuerza. En una nota publicada el lunes, señaló que, tras una caída del 16% del SOX y con Apple en máximos históricos, un rebote del índice podría coincidir con un retroceso de AAPL, al menos hasta su media móvil de 50 días, situada un 4,7% por debajo del último cierre.
McCall espera que aparezca una nueva oleada de entusiasmo por la inteligencia artificial que reactive a los valores de semiconductores. El patrón ya se produjo en agosto y, según el gestor, podría repetirse: la misma relación inversa que ha favorecido a Apple durante la actual fase de cautela podría convertirse en un lastre cuando vuelva el apetito por los fabricantes de chips.










