La tensión sobre la deuda francesa se ha intensificado hasta niveles que no se veían desde la crisis de deuda europea. El diferencial entre los bonos soberanos de Francia y Alemania a diez años se amplió el jueves hasta 1,78 puntos porcentuales, su cota más alta desde finales de 2011, mientras los inversores también se desprendían de títulos franceses a corto plazo.
La presión refleja la creciente preocupación por la capacidad del Gobierno francés para controlar unas cuentas públicas muy endeudadas en un contexto de fragmentación parlamentaria, malestar social y mercados financieros especialmente sensibles al riesgo. Francia vuelve a concentrar parte de las dudas que durante la crisis del euro castigaron a los países más vulnerables de la región.
La deuda francesa registra máximos de varias décadas
El diferencial frente a Alemania aumentó en 19 puntos básicos durante la sesión del jueves, desde los 174 puntos básicos del día anterior. Esta prima mide cuánto más exige el mercado para financiar a Francia frente a Alemania, considerada el emisor soberano de referencia de la zona euro. Un aumento indica que los inversores perciben un mayor riesgo relativo en la deuda francesa.
La rentabilidad del bono francés a diez años alcanzó el 5,14%, el nivel más elevado desde 2002, aunque posteriormente moderó parte de la subida. En el máximo de la sesión llegó a superar la rentabilidad del bono estadounidense equivalente. Si hubiera terminado en esa cota, Francia habría pagado por primera vez desde 2013 un interés superior al de Estados Unidos por financiarse a diez años.
El movimiento también se extendió al tramo corto de la curva. El rendimiento del bono francés a dos años subió 11 puntos básicos, hasta el 3,86%. La venta resulta especialmente significativa porque, en momentos de incertidumbre, los inversores suelen refugiarse en la deuda soberana de vencimiento más próximo. Que esa parte del mercado también esté bajo presión apunta a una desconfianza más amplia.
La Bolsa reflejó igualmente el deterioro del ánimo. El CAC 40, principal índice francés, perdió más de un 1% el jueves.
El bloqueo político complica la respuesta fiscal
La preocupación central es si el Ejecutivo podrá aplicar ajustes presupuestarios de suficiente alcance. La división del Parlamento dificulta la aprobación de medidas para sanear las finanzas públicas, mientras el encarecimiento del coste de la vida alimenta nuevas protestas. En las últimas semanas se han producido enfrentamientos entre manifestantes y policías y varias ciudades han impuesto toques de queda. Para este fin de semana se esperan nuevas movilizaciones.
El presidente Emmanuel Macron pretende que el sábado solo se autoricen las manifestaciones convocadas por los sindicatos. Elias Haddad, estratega de mercados de Brown Brothers Harriman, considera que la división política y el descontento ciudadano hacen prácticamente imposible sanear las cuentas públicas antes de las elecciones presidenciales de 2027.
La situación ha abierto el debate sobre una posible respuesta del Banco Central Europeo. La mayoría de los inversores no espera por ahora medidas de emergencia, entre otras razones porque la arquitectura financiera europea es más sólida que en 2011. Entonces, además, el epicentro de la crisis era Grecia y su diferencial frente a Alemania llegó a unos 35 puntos porcentuales, casi veinte veces el nivel actual de Francia.
El expresidente del BCE Mario Draghi tampoco considera probable una intervención inmediata. Sin embargo, Irina Kurochkina, gestora de carteras de Aegon Investment Management, reclama que Fráncfort reconozca que el rápido aumento de las rentabilidades está endureciendo las condiciones financieras de forma no deseada. El BCE mantiene silencio durante el periodo previo a su próxima decisión sobre los tipos.
Las ventas forzadas elevan el riesgo de contagio
Parte de la aceleración de las rentabilidades puede explicarse por la salida de fondos de inversión libre que habían apostado por el diferencial entre los bonos franceses a corto plazo y otros instrumentos de tipos. Al moverse el mercado en su contra, están deshaciendo posiciones. La escasez de compradores amplifica el efecto de esas operaciones, según Daniel Loughney, responsable de renta fija de Mediolanum International Funds.
El temor ahora es que la presión se extienda a otros mercados europeos. Craig Veysey, de Guinness Global Investors, cree que la situación financiera de Europa es más resistente que en 2011 y que Francia no afronta los graves problemas bancarios de aquella crisis. Aun así, advierte de que las rentabilidades podrían seguir subiendo, incluso en Alemania, si los inversores empiezan a descontar que Berlín tendrá que endeudarse más para financiar futuras ayudas a países con elevada deuda.
El contexto internacional tampoco ayuda. El Brent supera los 110 dólares por barril, lo que eleva el riesgo de inflación y debilita las perspectivas de crecimiento. Al mismo tiempo, las dudas sobre las enormes inversiones en inteligencia artificial presionan a las acciones tecnológicas. La Reserva Federal y el BCE celebrarán sus próximas reuniones de política monetaria durante la misma semana, dos citas que los mercados seguirán de cerca en busca de señales de calma.








