Las acciones de Moderna (MRNA) llegaron a desplomarse más de un 25% en Wall Street después de que se filtrasen datos de su vacuna personalizada contra el cáncer. Aunque los resultados confirmaron una reducción relevante del riesgo de recaída o muerte en pacientes con melanoma, la respuesta del mercado fue negativa: los inversores habían elevado sus expectativas hasta niveles que exigían resultados excepcionales.
La compañía cerró la sesión con una caída superior al 17%. En el peor momento de la jornada, Moderna llegó a perder unos 24.000 millones de dólares de capitalización bursátil. El descenso se produjo poco después de que unas capturas de pantalla con parte de los datos apareciesen en OncologyCentral y comenzasen a circular por la red social X.
Horas más tarde, Moderna y su socio Merck & Co. (MRK) publicaron los resultados completos. Las acciones de Merck, una empresa de mayor tamaño y también implicada en el desarrollo del tratamiento, retrocedieron alrededor de un 1%.
Una vacuna personalizada para tratar el melanoma
El tratamiento, denominado intismeran autogene, se diseña para cada paciente con el objetivo de enseñar al sistema inmunitario a identificar las mutaciones concretas de su tumor. No se trata de una vacuna preventiva, sino de una terapia complementaria para pacientes con melanoma, la forma más peligrosa de cáncer de piel.
En el ensayo, los pacientes recibieron la vacuna junto con Keytruda, la inmunoterapia de Merck. La combinación redujo un 42% el riesgo de recaída o muerte frente al tratamiento con Keytruda en solitario.
Los datos a dos años mostraron que el 82% de los pacientes tratados con la combinación seguían vivos y sin recaídas del melanoma, frente al 70% de quienes solo recibieron Keytruda. Es decir, la diferencia fue de doce pacientes por cada cien que permanecían libres de cáncer. Las compañías señalan, sin embargo, que todavía es pronto para determinar si el tratamiento prolonga también la vida de los pacientes.
El mercado esperaba un resultado todavía mejor
La magnitud de la caída no responde necesariamente a una lectura negativa sobre la eficacia del tratamiento, según los analistas citados en la información. Michael Yee, de UBS, describió el movimiento como una reacción de «comprar con el rumor y vender con la noticia»: los inversores acumulan posiciones ante una expectativa y deshacen parte de ellas cuando el resultado se confirma.
Evan Seigerman, analista de BMO Capital Markets, considera que la reacción refleja unas expectativas excesivas antes de conocerse los datos completos, más que un cuestionamiento directo del medicamento. Moderna había subido más de un 530% en lo que va de año, un avance que dejaba poco margen para una decepción, aunque los resultados fueran positivos.
Además, el ensayo previo de fase 2 había reflejado una reducción del riesgo del 49%, siete puntos por encima del 42% comunicado ahora. La posibilidad de que la eficacia fuese inferior ya formaba parte del riesgo de mercado cuando las acciones llegaron a subir un 113% en apenas dos horas en agosto.
La siguiente prueba será ampliar el tratamiento a otros tumores
El futuro de la valoración de Moderna dependerá en parte de si la tecnología demuestra resultados en otros tipos de cáncer. Myles Minter, analista de William Blair, apunta a esa cuestión como el próximo foco de atención. Moderna y Merck están probando la vacuna, entre otros, en cáncer de pulmón, vejiga y riñón.
Los resultados completos se presentarán el sábado en el congreso de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO), en Madrid. Dean Li, presidente de Merck Research Laboratories, ya ha advertido de que el desarrollo aún requiere más trabajo. Para explicarlo, comparó la meta de construir una plataforma amplia contra el cáncer con levantar primero una cabaña de madera: talar un árbol no basta para construir un pueblo.










