La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ha alterado el suministro mundial de combustibles y ha disparado los márgenes de refino. El efecto se refleja en las cuentas de las grandes petroleras: Shell, BP, Chevron y ExxonMobil han presentado resultados trimestrales excepcionalmente sólidos, mientras los consumidores afrontan un mayor coste por los carburantes y la energía.
El refino, más que la extracción de crudo, explica buena parte de este salto. La interrupción del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz y los ataques contra refinerías han reducido la disponibilidad de combustibles. En ese contexto, las compañías han podido vender gasolina, diésel y combustible de aviación con márgenes mucho más elevados.
El refino concentra el aumento de los beneficios
Shell obtuvo un beneficio neto de 10.810 millones de dólares en el tercer trimestre, casi el doble que los 5.430 millones registrados un año antes. El resultado superó las previsiones de los analistas y la compañía anunció una recompra de acciones por valor de 5.000 millones de dólares.
En el caso de BP, el beneficio trimestral ajustado alcanzó los 8.460 millones de dólares, frente a los 2.200 millones del mismo periodo del ejercicio anterior. Se trata de su mayor beneficio trimestral desde que utiliza el actual método de cálculo. Chevron, por su parte, casi triplicó sus ganancias, hasta 9.900 millones de dólares, frente a los 3.500 millones de un año antes.
TotalEnergies también elevó con fuerza su beneficio neto ajustado, que pasó de 4.000 millones a 9.100 millones de dólares. La empresa prevé recomprar acciones por 2.500 millones de dólares en el cuarto trimestre y destinar otros 2.500 millones al mismo fin durante el primer trimestre de 2027.
ExxonMobil superó asimismo las previsiones de los analistas. Por primera vez en al menos seis años, la compañía ganó más dinero con el refino que con la extracción de petróleo y gas. Chevron obtuvo 4.900 millones de dólares únicamente de sus actividades de refino, frente a los 1.100 millones del año anterior.
Los márgenes reflejan la magnitud del cambio. Shell alcanzó los 42 dólares por barril y TotalEnergies, los 33,20 dólares, aproximadamente cuatro veces más que un año antes. En BP, el margen medio pasó de 15,80 a 46,70 dólares por barril.
El precio del crudo no explica por sí solo el salto
El Brent registró fuertes oscilaciones durante el trimestre, con un recorrido aproximado entre 68 y 132 dólares por barril. Sin embargo, los beneficios extraordinarios no responden solo al encarecimiento del petróleo. El factor decisivo fue el aumento de los precios de los productos refinados, en un mercado con una oferta de combustibles sometida a presión.
Para conductores y hogares, la dinámica tiene la consecuencia opuesta. El encarecimiento de los carburantes eleva el coste de los desplazamientos y del transporte, y puede trasladarse también a las facturas de gas y electricidad.
Menos deuda y más recompras para los accionistas
Las petroleras están destinando una parte de estos ingresos adicionales a reforzar sus balances. BP generó un flujo de caja operativo de 14.800 millones de dólares en el tercer trimestre y redujo su deuda neta hasta 13.900 millones, con lo que alcanzó su objetivo un año antes de lo previsto. Chevron recortó su deuda en 3.500 millones de dólares en un solo trimestre y ExxonMobil, en 8.000 millones.
La remuneración al accionista también ocupa un lugar destacado. Shell y TotalEnergies han anunciado recompras por miles de millones de dólares, mientras ExxonMobil prevé un programa de 20.000 millones para 2027.
Estos resultados han reactivado el debate sobre los impuestos adicionales a las energéticas que se benefician de condiciones de mercado excepcionales. España, Rumanía, Hungría y Eslovaquia ya han adoptado medidas para gravar parte de esas ganancias. Sus detractores sostienen que pueden desincentivar la inversión en nuevos proyectos energéticos.
La guerra tampoco beneficia por igual a todas las áreas de negocio. La producción de petróleo de Shell cayó un 17% en los nueve primeros meses de 2026, en gran medida por las interrupciones en Qatar, y Shell, BP y TotalEnergies registraron deterioros de valor por miles de millones en activos vinculados, entre otros ámbitos, a proyectos de energías renovables. Aun así, mientras persista la presión sobre el suministro mundial de combustibles, la brecha entre los beneficios de las petroleras y el coste que soportan los consumidores seguirá siendo una de las principales consecuencias económicas del conflicto.










