BlackRock identifica en la inteligencia artificial una posible nueva fuente de demanda para las stablecoins: máquinas capaces de contratar datos, software y capacidad de computación y pagar por esos recursos sin una autorización humana en cada operación. La gestora considera que este comercio automatizado podría abrir un mercado vinculado a inversiones acumuladas de más de 5 billones de dólares en infraestructura de IA entre 2025 y 2030.
La tesis aparece en su informe The Machine-Native Economy, centrado en cómo los sistemas de inteligencia artificial pueden modificar la forma en que se inicia la actividad económica. En lugar de que una persona tome cada decisión de pago, un agente de IA podría ejecutar miles de pequeñas transacciones para completar una tarea concreta.
Pagos continuos y de pequeño importe
Las stablecoins parten de una base que ya tiene cierta escala. BlackRock calcula que hay más de 300.000 millones de dólares en circulación y que su volumen de transacciones ajustado alcanzó los 11,2 billones de dólares en 2025. Entre 2020 y 2025, ese volumen creció a una tasa anual compuesta del 80%, frente a aproximadamente el 8,5% de la red estadounidense de cámaras de compensación automatizada, conocida como ACH.
La comparación, no obstante, tiene límites. La red ACH procesó alrededor de 93 billones de dólares el año pasado, una cifra que muestra la distancia todavía existente con los principales sistemas de pagos tradicionales. BlackRock también advierte de que no resulta adecuado contraponer directamente la actividad de las stablecoins con la de Visa o Mastercard, ya que cada red contabiliza las transacciones de forma distinta.
El cambio más relevante podría estar menos en el volumen actual que en el comportamiento de los pagos. Un agente que busque información o capacidad de cálculo podría abonar de forma recurrente cada llamada a una interfaz de programación, cada consulta a una fuente de datos o cada unidad de procesamiento. Serían operaciones de importes mínimos, potencialmente inferiores a un centavo, realizadas durante todo el día.
Las stablecoins encajan en ese modelo porque pueden almacenarse en monederos programables y liquidarse sin que una persona tenga que aprobar cada movimiento. Coinbase, por ejemplo, ha desarrollado el protocolo x402, que permite solicitar un pago antes de entregar datos u otro recurso. En ese flujo, un agente puede pedir acceso a una interfaz, recibir las instrucciones de pago, transferir USDC y obtener el servicio sin pasar por un proceso de compra convencional.
La disputa por el monedero de las máquinas
El uso de blockchain no está garantizado. Stripe y Tempo trabajan en el Machine Payments Protocol, compatible tanto con stablecoins como con medios de pago tradicionales. Stripe y OpenAI han creado además el Agentic Commerce Protocol para conectar agentes de IA con sistemas comerciales existentes, mientras Google y Visa desarrollan iniciativas relacionadas con la identidad y la autorización de los agentes.
La competencia se trasladará también a la captura de valor. Si una mayor actividad con stablecoins se concentra en Ethereum, el aumento del uso podría elevar la demanda de espacio en bloque y de servicios de validación. ETH participa en las comisiones y en el sistema de staking de la red, aunque BlackRock subraya que un crecimiento de las transacciones no implica necesariamente un aumento equivalente de la demanda del activo.
El resultado dependerá de las comisiones, la economía del staking y los modelos de patrocinio del gas. Una red puede procesar grandes volúmenes con costes muy reducidos, y las aplicaciones pueden evitar que los usuarios o los propios agentes tengan que mantener el token utilizado para pagar las comisiones. En una arquitectura distinta, Arc, la cadena de pagos de Circle, emplea USDC como activo nativo para el gas. En ese caso, una mayor actividad reforzaría el papel de la stablecoin sin generar el mismo mecanismo de transmisión hacia un token separado como ETH.
La computación como siguiente mercado
BlackRock espera que esta infraestructura de pagos pueda extenderse al gasto más importante de la IA: la capacidad de computación. Las previsiones citadas en el informe sitúan en unos 1,1 billones de dólares los ingresos combinados que Amazon Web Services, la división Intelligent Cloud de Microsoft y Google Cloud podrían alcanzar en 2030.
Un agente podría comparar proveedores por precio, ubicación, latencia, hardware o rendimiento, comprar capacidad para una tarea y pagar automáticamente por ella. La liquidación podría producirse por trabajo, por uso o incluso por token del modelo. En una fase posterior, BlackRock plantea que los derechos estandarizados sobre capacidad de computación podrían negociarse o utilizarse como garantía, aunque esta parte de la propuesta sigue siendo prospectiva.
La actividad de pagos autónomos aún está en una etapa inicial. El primer frente de la disputa será decidir qué activo utilizan las máquinas para pagar y qué protocolo emplean para hacerlo. Las stablecoins compiten por convertirse en el medio de liquidación predeterminado; las redes buscan transformar el tráfico en valor económico; y los sistemas de pago tradicionales intentan mantener esas operaciones en sus propios raíles.










