El mercado de las criptomonedas perdió alrededor de 2,1 billones de dólares de capitalización en los doce meses hasta el 30 de junio, pero la actividad registrada en la cadena de bloques apenas se redujo un 1,6%. El volumen económico medido por Chainalysis se situó en unos 9,4 billones de dólares, frente a los 9,5 billones del periodo anterior, según el índice mundial de adopción publicado el 23 de septiembre de 2026.
La diferencia entre el desplome de los precios y la resistencia de las transacciones apunta a un cambio en el comportamiento del mercado durante las fases bajistas. Mientras la capitalización total cayó aproximadamente un 50%, el valor recibido por exchanges, protocolos de finanzas descentralizadas y otros servicios de criptomonedas descendió un 4,3%, hasta 8,9 billones de dólares.
Las stablecoins sostienen la actividad
El principal apoyo fueron las stablecoins, tokens diseñados para mantener un valor estable frente a una moneda fiduciaria, normalmente el dólar. Las entradas de estos activos en los servicios de criptomonedas aumentaron un 5,3% aunque el conjunto de los ingresos recibidos por esas plataformas se contrajo.
El uso entre particulares también cambió de forma significativa. Las transferencias directas entre carteras personales dentro de un mismo país se dispararon hasta 228.700 millones de dólares, frente a los 56.800 millones del año anterior. Chainalysis calcula además que las stablecoins ya representan cerca del 96% de la actividad nacional entre particulares.
El movimiento transfronterizo siguió una trayectoria similar. Las transferencias internacionales de stablecoins aumentaron un 77,5%, hasta 220.300 millones de dólares, desde los 124.200 millones anteriores. El volumen mensual estimado pasó de unos 11.000 millones de dólares en enero de 2025 a 24.000 millones en junio. El tamaño medio de cada operación internacional rondó los 3.000 dólares, una cifra compatible, según Chainalysis, con pagos a proveedores, remesas y traslados de ahorro entre distintas monedas.
La firma advierte de que el mercado real probablemente sea mayor, ya que su cálculo excluye las transferencias en las que no puede atribuir con suficiente confianza uno de los extremos a un país concreto.
Menos especulación, más transferencias en dólares digitales
Los datos reflejan una separación cada vez más clara entre la actividad vinculada a la cotización de los criptoactivos y las operaciones cuyo valor permanece relativamente estable. Durante los nueve meses de caída del mercado, los saldos de stablecoins en la cadena oscilaron entre 98.000 y 109.000 millones de dólares. En el mismo periodo, el valor de los demás activos registrados en cadena se redujo un 55,6%. En junio, las stablecoins ya suponían el 22,5% de los saldos medidos.
La evolución también se observó en las operaciones pequeñas. Las transferencias inferiores a 100 dólares hacia servicios de criptomonedas crecieron un 78,4%, mientras que las comprendidas entre 100 y 1.000 dólares aumentaron un 58,6%. En conjunto, estos flujos minoristas sumaron unos 273.000 millones de dólares. Su peso sobre el total sigue siendo reducido, pero continuaron creciendo pese al deterioro del mercado.
Las operaciones de mayor tamaño resistieron mejor de lo que sugeriría la caída de los precios: las transferencias de al menos un millón de dólares disminuyeron un 7,2% respecto al periodo anterior. Chainalysis también identificó 4.708 nuevas rutas internacionales de stablecoins, con un volumen combinado de 2.640 millones de dólares. Las rutas situadas fuera del grupo de las más activas movieron 8.660 millones, frente a solo 260 millones antes del periodo analizado. USDT concentró buena parte de esa expansión.
El reto es convertir el uso en pagos recurrentes
La resistencia de la actividad contrasta con anteriores ciclos bajistas. Entre 2022 y 2023, el volumen de actividad medido por Chainalysis cayó un 23%, aunque la capitalización total del mercado se redujo entonces en unos 300.000 millones de dólares.
La firma señala que los marcos regulatorios de Estados Unidos, la Unión Europea, Japón, Hong Kong, Singapur y Reino Unido están dando más claridad a las entidades financieras que quieren integrar stablecoins vinculadas al dólar en productos de pagos y liquidación.
Aun así, una transferencia en la cadena no equivale necesariamente a una compra o a un pago comercial. Puede corresponder también a una remesa, al pago a un proveedor o al traslado de ahorros. Por eso, el siguiente desafío para los emisores de stablecoins, las plataformas y las empresas de pagos será demostrar cuánto de este tráfico se convierte en un uso recurrente de consumidores y compañías cuando el mercado vuelva a recuperarse.










