El precio del oro ha caído hasta alrededor de 4.380 dólares por onza troy y ha vuelto a situarse por debajo del umbral de los 4.400 dólares. El retroceso se produce mientras el mercado centra su atención en los próximos datos de inflación de Estados Unidos y en la siguiente decisión de la Reserva Federal sobre los tipos de interés.
El metal no logra consolidar el rebote
La cotización atraviesa una fase de debilidad después de haber terminado agosto cerca de los 4.600 dólares. A comienzos de septiembre, el precio llegó a aproximarse brevemente a los 4.300 dólares, antes de recuperar terreno y rozar de nuevo los 4.500 dólares.
Ese rebote, sin embargo, no se ha consolidado. Durante los últimos días, el oro se ha movido en gran medida dentro de una franja situada entre los 4.350 y los 4.440 dólares. La nueva caída hacia los 4.380 dólares refleja las dificultades de los compradores para devolver la cotización de forma convincente por encima de los 4.400 dólares.
El contexto de tipos y deuda estadounidense está añadiendo presión al metal precioso. La rentabilidad del bono del Tesoro de Estados Unidos a diez años volvió a subir, un movimiento que suele resultar desfavorable para el oro. A diferencia de la deuda pública, el metal no genera intereses por sí mismo. Por eso, cuando aumentan los rendimientos de los bonos, estos pueden ganar atractivo relativo entre los inversores.
El petróleo complica el escenario para la Reserva Federal
La evolución del crudo también está reforzando la preocupación por la inflación. El Brent alcanzó recientemente los 100 dólares por barril, un nivel que no tocaba desde julio. Un petróleo más caro encarece los combustibles y la energía, y esos costes pueden trasladarse posteriormente a otros bienes y servicios.
La situación se ve además condicionada por la guerra en Oriente Medio. El conflicto mantiene la incertidumbre sobre el suministro energético y puede añadir presión a los precios del petróleo. Para la Reserva Federal, una inflación que permanezca elevada durante más tiempo reduciría el margen para mantener bajos los tipos de interés.
En ese escenario, el mercado podría reforzar las expectativas de una nueva subida de tipos. Un endurecimiento de la política monetaria suele favorecer mayores rentabilidades de la deuda, lo que incrementaría el coste de oportunidad de mantener posiciones en oro.
La inflación de EE. UU. marcará la próxima referencia
La atención se dirige ahora a las nuevas cifras de precios de Estados Unidos. Esta semana están previstas las publicaciones del índice de precios de producción y del índice de precios de consumo, dos referencias que permitirán evaluar la evolución de las presiones inflacionistas en la economía estadounidense.
Un dato de inflación superior a lo esperado podría fortalecer la hipótesis de que la Fed tendrá que volver a subir los tipos. Esa perspectiva podría impulsar al alza la rentabilidad de los bonos y mantener la presión sobre el oro. En cambio, la reacción del mercado dependerá de cómo se interpreten las cifras frente a las expectativas existentes.
Poco después de la publicación de esos datos, la Reserva Federal celebrará su próxima reunión de política monetaria. Los operadores del mercado de tipos calculan actualmente en torno a un 65% la probabilidad de una subida. Con el oro por debajo de los 4.400 dólares, el petróleo en niveles elevados y la incertidumbre todavía abierta sobre la política monetaria estadounidense, los próximos datos de inflación se perfilan como una referencia decisiva para el siguiente movimiento del metal precioso.










